El Comercio Internacional en una Encrucijada

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Hector Casanueva Embajador

Héctor Casanueva

Embajador, Representante Permanente de Chile en Ginebra

World Trade Organization (WTO)


El multilateralismo comercial vive un momento delicado, que puede llevar a un retroceso en los intercambios, por ende en el crecimiento de la economía global, y en particular de los países de menor desarrollo. Si bien la OMC y otros organismos internacionales han constatado una relativa recuperación en el comercio global para 2017, de entre un 1,8% y un 3,6%, y para 2018 de entre un 2,1% y un 4.4%, rangos que revelan, por lo demás, la volatilidad actual de estos procesos.


Estas cifras favorecerían mayores tasas de crecimiento de la economía mundial, pero se tornan inciertas a la luz de obstáculos técnicos, administrativos y logísticos existentes en países menos adelantados –que el reciente Acuerdo de Facilitación de Comercio de la OMC procura atenuar- y por las distorsiones que aún subsisten debido a las medidas que aplican los países desarrollados en su relación comercial para proteger sus mercados.


Todas las evidencias indican que la relación entre comercio internacional y desarrollo es positiva -Chile es una clara demostración de ello- y que cada vez más el dinamismo de los mercados internacionales, los intercambios transfronterizos, la evolución de las cadenas de valor orientadas al exterior, son factores de crecimiento y creación de empleo.


La reciente Conferencia Ministerial de los 164 miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC) celebrada en Buenos Aires, al máximo nivel político y técnico, comprobó lo señalado, pero a la vez constató la situación complicada por la que atraviesa el comercio internacional, las complejidades de las negociaciones de liberalización en curso, y las difíciles perspectivas para continuar avanzando hacia mercados abiertos, inclusivos, seguros y dinámicos.


Las tendencias proteccionistas, que comenzaron a emerger nuevamente en 2016, las dificultades para llegar a consensos en torno a temas relevantes como los subsidios a la agricultura y a la pesca, las limitaciones en el acceso a los mercados, y la resistencia de algunos países a la incorporación del comercio electrónico, la facilitación de inversiones o el medio ambiente a las negociaciones -temas emergentes que no estaban en la agenda comercial hace 23 años cuando se creó la OMC- son algunos de los componentes principales que inciden en el momentum especial a que nos referimos.


Países como Chile, junto a los de la Alianza del Pacífico y otros de Asia, de Europa y de África, estamos intentando superar esta situación, mediante propuestas y negociaciones técnicas que conduzcan a acercar posiciones, teniendo en cuenta los objetivos de desarrollo social, económica y ambientalmente sostenible acordados en la Agenda 2030 en Naciones Unidas.


Pese a todo, en Buenos Aires, hemos llegado a acuerdos en cuestiones puntuales, pero importantes, como la extensión de la moratoria en la aplicación de aranceles al comercio electrónico, el compromiso de continuar avanzando en la eliminación de los subsidios a la pesca ilegal o sobreexplotada, seguir trabajando en torno a la economía digital, las inversiones y el medio ambiente, un acuerdo potente impulsado por Chile y otros 88 países, en torno a la incorporación de las MiPymes al comercio mundial, y un fuerte compromiso para promover la incorporación de las mujeres al comercio global. Junto con ello, hemos llegado también a un consenso fundamental para seguir avanzando en las negociaciones y reconocer el rol de la OMC en sus funciones regulares, de negociación y asistencia técnica.


Se augura, por lo tanto, un largo y laborioso proceso de negociaciones multilaterales políticas y técnicas para los próximos años en Ginebra y las capitales de los miembros de la OMC, que deberían culminar en la próxima XII Conferencia Ministerial el 2019. Todo esto es muy gravitante para Chile, por su economía abierta, exportadora, orientada al exterior.