Romer, rápido y furioso

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Enrique Goldfarb

Enrique Goldfarb

Economista


No me recuerdo haber visto un chascarro más grande y más grave que el que tuvo como actor principal a Paul Romer, Economista jefe, nada menos, que del Banco Mundial.


Como sabemos, y sin decir agua va, despotricó contra quienes, en el seno del propio Banco Mundial, elaboran el índice mundial de competitividad Doing Business, que mide las facilidades que los inversionistas encuentran en los distintos países para hacer lo suyo, esto es, arriesgar su dinero por un retorno atractivo de su inversión. Su delirio conspirativo me recordó la película “Una Mente Brillante”, donde el protagonista, un genio de las matemáticas y de la Teoría de Juegos, se imagina ser parte de un contraespionaje para impedir el estallido de una bomba atómica dentro de Estados Unidos. Sin quedarse en chicas, y dejando de lado todo eufemismo, en el fondo acusó que quienes miden el índice, fueron cooptados políticamente por la derecha chilena para, artificialmente, hacer quedar mal a Bachelet en su primer y segundo gobierno, y también artificialmente hacer quedar bien el gobierno de Piñera.



Réplicas



Que en una institución como el Banco Mundial, una supuesta quinta columna como el economista a cargo del índice, Augusto López- Claros, de por sí y ante sí, pueda introducir cambios metodológicos arbitrarios y políticamente mañosos, que comprometen a los países y a la propia institución, sin que hubiera filtro alguno, es, a todas luces, demencial.


Ayudará a entender lo sucedido si se tiene en cuenta que Romer es, o era, un genio que brilló en la academia y en sus estudios como economista, original, creativo y con tesis revolucionarias. Incluso se lo consideró como candidato al Nóbel. Pero su hiperactividad neuronal se salió de madre, y se olvidó que no estaba en un debate universitario, sino que en una institución rigurosa, conservadora y hasta el momento, de prestigio. Como se dice en inglés, simplemente “he snapped”.


De todos los políticos y economistas que opinaron al respecto, el único que se dio cuenta al instante, que estábamos en presencia de una locura, fue Tomás Flores, que defendió por el diario al responsable del índice, y derechamente desestimó el comentario de Romer. Los demás simplemente le creyeron a Romer y reclamaron una investigación para ver si el que maneja el índice era culpable, cuando lo que correspondía era presumir que el culpable era el propio denunciante.



Como si fuera un milagro del Papa



A pesar de que decían lo contrario, esperanzadas estaban las autoridades de gobierno, que creyeron ver que, con esto, el desastre económico que había resultado su gobierno se convertía en una confabulación de la derecha. Y que la centroizquierda, como querían hacer creer al mundo empresarial, era un ambiente fantástico “to do business”. Poco faltó para que pidieran que se anularan las elecciones. Pero el verano de San Juan duró poco.


En carta al ministro Eyzaguirre, la CEO del Banco Mundial manifestó que no comparte la opinión de Romer y que tiene plena confianza en los métodos empleados, plenamente validados por un proceso abierto, ampliamente consultado y objetivo. Y como lápida, añade que Romer no tiene idea como se hacen estas cosas.


Romer por su parte, recuperada momentáneamente su cordura, dijo que lo que dijo no era lo que quería decir, y que no había visto signo alguno de manipulación en los índices, ni en ningún informe del banco.


Sólo le falta al Banco Mundial darle el sobre azul a su Economista jefe, deseándole la mejor de las suertes en los emprendimientos que quiera acometer.