El gobierno de las paradojas

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Gonzalo jimenez


Ni siquiera él mismo parecía molestarse cuando, ad portas de asumir en 2010, muchos de sus críticos acusaban a Sebastián Piñera de preparar un quinto gobierno de la Concertación. “Tomó las banderas de la izquierda”, extremaba en su análisis el abogado Hermógenes Pérez de Arce, que hasta lanzó un libro para desplegar su artillería contra el nuevamente electo presidente.


Claramente le encantó mostrarse especialmente cercano a Patricio Aylwin y a la vieja y casi extinta gran familia demócrata cristiana, en medio de la campaña de segunda vuelta, para hacer un guiño a un partido que se siente anómalo tanto cerca del PC como próximo a la derecha.


Pero los vientos hoy son distintos de los que soplaban a fines de 2009 en Chile y Piñera deberá ser muy estratégico, desde la governance, para saber calibrar la hibridez del momento social e intentar inclinar la balanza a su favor, al menos en los dos primeros años de su mandato. Para ello, deberá tener en cuenta tres factores fundamentales para quienes estudiamos esta disciplina. Primero, saber interpretar la lógica institucional que está imperando. Claramente los resultados electorales muestran que esta vez el discurso del crecimiento sí prendió como un concepto mucho más ideológico que técnico, asociado a desarrollo social, familiar e incluso a mayores libertades individuales. Pero dicho en simple y, quizás, burdo: también se más autonomía, que no me digan lo que debo hacer; pero, al mismo tiempo, que me aseguren un país más justo y equitativo, más solidario, donde las instituciones que corresponda sean capaces de protegernos a nosotros, los ciudadanos, de cualquier abuso de los poderosos. Y esa visión, puede que sea un poco ajena a alguien que siente que, pese a sus privilegios de cuna, en gran medida, se ha hecho a sí mismo y ha logrado acumular riqueza gracias a sus propios méritos, más que a su linaje.


Un segundo ejercicio que recomendamos, humildemente, al flamante electo Presidente, es aprender de los emprendedores institucionales que hoy marcan pauta, tanto en el mundo de los negocios como en lo social y político. Partiendo por su sector: los Kast, Ossandón, son personajes que no sólo pueden aportar frescura a su mandato, por su cercanía y sensibilidad con el mundo social, sino también porque a ellos debe buena parte de los votos que permitieron su nuevo triunfo. No sólo desconocerlos, sino que además no considerarlos en su modelo de gestión, sería un error garrafal. Siguiendo por la izquierda, donde también Piñera tiene mucho que aprender y asimilar de personajes como Beatriz Sánchez y digamoslo sin complejos, del Frente Amplio, si quiere efectivamente conquistar en alguna medida a ese espectro que le es desconocido, , pero que con un ejercicio matemático básico podemos concluir que sí le dio un porcentaje de votos.


En el mundo de los negocios, en tanto, hay formas y prácticas nuevas que ver y aprender en el estilo de gente como Bernardo Larraín Matte, Alfredo Moreno, el propio Andrónico Luksic, que ha sido osado en un mundo acotado pero potente, como el de las redes sociales, o las valiosas figuras detrás de Asech.


Finalmente, y en lo táctico, ante un mundo de complejidad institucional, Sebastián Piñera deberá buscar fórmulas que le permitan manejar y administrar el gobierno con pocas y simples reglas, en un mundo público que, pese al primer approach que tuvieron en 2010, sigue siendo poco conocido y hasta incómodo para los equipos de técnicos de la derecha, más acostumbrados a la dinámica de la empresa privada que a los vericuetos y demoras de la cosa pública.


Si considera alguna de estas claves propias de la governance, Piñera puede mostrar avances importantes, no sólo en materia de realizaciones de su segundo gobierno, sino también para desmarcarse de los modelos obsoletos. Ya no puede ser el suyo un séptimo gobierno de la Concertación, no sólo porque la Concertación está muerta hace rato, sino porque la sociedad chilena no está disponible mayoritariamente, como declaró en las urnas, para los viejos paradigmas. Ya no quiere un presidente “papá”, que le señale con el dedo qué debe o no hacer. Pero sí quiere a un estratega/protector que genere condiciones para prosperar o asegurar lo ya logrado y, a su vez, lo defienda con medidas concretas de los excesos del mercado y del Estado.


Aprender a escuchar e incluso a copiar lo bueno, con su proverbial astucia, y una buena dosis de humildad, podrían asegurarle en buena medida su anhelo de ser un Presidente querido y, más allá de sí mismo, un presidente que – en una segunda vez – sí pudo entregarle la banda a uno de los suyos.


Profesor Departamento Ingeniería Industrial UC

Presidente Proteus Management