COLUMNISTA

Un poco mejor

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Enrique Goldfarb

Economista


De una forma u otra, el debate presidencial se desarrolló con un criterio técnico, ajeno a las apelaciones sentimentales, y en ese terreno Piñera lo hizo mejor. O si se quiere, el desorden mental de Guillier se hizo evidente, contradiciendo a sus técnicos para no herir al Frente Amplio (FA) que se supone lo quiere todo. Añadiendo unas peroratas que me recordaron los tiempos del colegio cuando en una prueba te pillaban sin saber, y escribías y escribías cualquier cosa para lograr sacar al menos un par de puntos. Lo cierto es que el terror que he estado sintiendo desde la primera vuelta se acentuó, al pensar que semejante pirinola pudiera regir los destinos del país.


El suplicio de los técnicos con Guillier


Cuando leo que uno de los técnicos de Guillier, Luis Eduardo Escobar, dice dos cosas sensatas y es desmentido al instante por el súper ideologizado y tenebroso PC, me imagino que esos tipos están yendo al matadero por unos instantes de gratificación personal. Dijo, por ejemplo, que no se puede prescindir de las AFP porque causaría un daño tremendo, y con ello provocó una reacción también tremenda del PC, que quiere hacer creer que una de las mejores implementaciones de un sistema económico moderno puede ser rápidamente desechada. Igualmente se refirió a lo impracticable que es un impuesto a los ricos. O Rosales, nada menos que el jefe de su programa, que dice que el sistema de reparto, el canto de sirenas en el que la izquierda pretende que el país vuelva a caer, es insostenible.


Rodrigo Valdés, el anterior ministro de Hacienda, tuvo que seguir las instrucciones que le daba la izquierda hasta que no dio más, y después, se dedicó a despotricar contra todo lo que él había ayudado a hacer. Estos destellos de sensatez de estos técnicos pudieran ser una excusa anticipada por su apoyo a un proyecto nefasto para el país.


Lo que natura non da….


Lo cierto es que tener que discutir con estos locos de izquierda agota a cualquiera. En la TV, Gonzalo Blumel, coordinador de Piñera, no logró levantar el guante cuando el jefe programático de Guillier, Rosales, quien a pesar de ser de apariencia un poco mejor que el resto, decía que eran “partidarios” de un sistema de mercado, pero añadía sin tapujos, que igual se pretendía imponer un impuesto al trabajo, 3% que iría a un fondo común para las pensiones, y un 3% a las cotizaciones de salud, que tendrían igual destino. Una reforma tributaria, no ya para los ricos, sino para la ¡clase media!


Cuando usted lea esto, como decía Julio César al atravesar el Rubicón, los dados estarán echados. Ojalá que los dados sumen tres.