El futuro de Europa y América Latina

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Hector Casanueva (columnista)

Justo cuando se cumple un nuevo aniversario de la Declaración Schuman, el 9 de mayo, los líderes de la Unión Europea se reúnen en la hermosa ciudad de Sibiu, Rumanía, para debatir sobre el futuro de Europa. Es un momento muy especial, porque tanto la actual Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión, como el Parlamento Europeo, terminan su mandato, y por lo tanto se abre una nueva etapa en el proceso de integración, que va del 2020 al 2024. Estos cuatro años serán en cierto modo refundacionales, y muy desafiantes en el contexto de la Cuarta Revolución Industrial, la globalización y el rol de Europa en el nuevo multilateralismo. Cuestiones como migraciones, empleo, seguridad y defensa, ciencia y tecnología, cambio climático, la competitividad europea frente a China y Estados Unidos serán claves.

El Brexit ha ocupado durante tres años gran parte de la agenda comunitaria, y embargará todavía por un largo tiempo la atención de líderes e instituciones, por lo menos hasta el 31 de octubre, complicando aún más las cosas, porque el Reino Unido va a participar en las elecciones al Parlamento Europeo, pero con el referéndum de salida aún vigente. Una situación muy sui generis, porque los que tienen decidido marcharse de la Unión, van a participar en decisiones en el Parlamento Europeo y en la próxima ejecutiva respecto de temas de continuidad y reforzamiento de la integración. Una paradoja inconcebible, pero real. Lo único que cambiaría esto, sería que el parlamento británico aprobara finalmente el acuerdo de salida negociado por Theresa May con Bruselas, pero que ya ha rechazado tres veces, o que se convocara a un nuevo referéndum y los ciudadanos decidieran seguir en la UE. Habiendo perdido, en este caso, tres años y dejando al desnudo una incompetencia política mayúscula de los partidos.

En términos de poder global de la UE y la posibilidad de ser un actor relevante en el mundo del Siglo XXI, para lo que necesita una firme unidad política. Tal unidad se pondrá a prueba el 26 de mayo, en las elecciones al Parlamento Europeo (PE). Se pronostica una afirmación de los partidos europeístas, cohesionados por el efecto Brexit, pero también el ingreso de algunos movimientos antieuropeos que, sin constituir mayorías, dificultarán la investidura y el programa de la futura Comisión Europea.

Según un informe elaborado por el Consejo Federal Español del Movimiento Europeo, la legislatura del PE y de la Comisión Europea que termina este año, ha logrado importantes avances en el proceso de integración, especialmente en profundización democrática de la toma de decisiones, avances hacia la cohesión social, en seguridad y política exterior, y especialmente en reponer, con el Plan Juncker, el equilibrio mercado-sociedad-estado perdido durante la crisis del 2008. Todavía el 22,5% de la población está en riesgo de pobreza o exclusión. El mismo informe reclama para esta nueva etapa seguir trabajando por la profundización democrática, la cohesión y el rol global de Europa, y una mejor comunicación con los ciudadanos.

La ausencia del tema latinoamericano en el debate de la UE y en las propuestas de los partidos, con excepción de la crisis venezolana y en menor medida la nicaraguense, es notoria. Tan es así, que en España ha surgido un nuevo movimiento, que lleva candidaturas al PE, llamado “Movimiento Independiente Euro Latino”, liderado por un ingeniero hispano-venezolano e integrado por “eurolatinos” españoles, que ya ha conseguido veinticinco mil firmas para ser validado oficialmente.

Un salto cualitativo en la relación UE-ALC, dado el desafiante momento que vivimos a escala global, siendo urgente e importante, no se percibe. Los programas de cooperación con diferentes países, muy importantes y beneficiosos, se mantienen, pero son inerciales. Lo mismo la vigencia de los acuerdos de asociación comercial. Pero las cumbres de jefes de estado CELAC-UE no se realizan desde 2015, y a juzgar por los documentos comunitarios tampoco hay una especial atención al tema, pese a que oficialmente, desde 1999, ambas regiones tienen una “Asociación Estratégica” para, en una condición de “actores globales”, “construir juntos el futuro”. Y por el lado latinoamericano, la descoordinación de agendas regionales, enfrentamientos notorios y la dispersión de visiones sobre la inserción global son tales, que no contribuyen a presentar a la UE opciones para salir del estancamiento estratégico de la relación. Estancamiento que no sólo perjudica a América Latina, sino también a la UE, que desperdicia una sinergia y una masa crítica necesaria para su posicionamiento global, ya que ha ido perdiendo espacio en la región, especialmente en favor de China, que ha entrado con fuerza en los más diversos ámbitos. Tal vez, superada por el lado de la UE la coyuntura actual, con un nuevo Parlamento y una Comisión Ejecutiva, sea posible retomar la agenda birregional, pero para ello habrá que decidir por parte latinoamericana donde radicará el mandato de interlocución.


Héctor Casanueva

Vicepresidente del Foro Académico Permanente Unión Europea, América Latina y el Caribe. 

Profesor de la Universidad Miguel de Cervantes. 

Director del Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia. 

Ex embajador de Chile en Ginebra y Montevideo.