Soberanía Económica

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Luis Riveros (columnista)

La reciente visita del Secretario de Estado los EE.UU. ha puesto de relieve la trascendencia de nuestras relaciones económicas con China. En efecto, el Secretario de Estado sugirió que Chile debía revisar su agenda internacional, para reducir el grado de relación con China, quizás sobre la base de reorientar nuestro comercio y fortalecer las relaciones con otros socios potenciales. Nada más inapropiado que hacer depender las relaciones comerciales de Chile y su propia estrategia de diversificación comercial, de las políticas que juegan en el interés de los EE.UU. Las relaciones de Chile y China son de larga data, y muestran hitos que han ido reforzándolas en el tiempo. Así, Chile fue el primer país de América del Sur que estableció relaciones políticas con China en 1970, y fue también el primer país latinoamericano en apoyar el ingreso de China a la Organización mundial del comercio. En el año 2004 Chile fue el primer país en América Latina en reconocer a China como una economía de mercado, y en el año 2005, del mismo modo, fue el primer país de la región latinoamericana en suscribir un Tratado de Libre Comercio con China. Es decir, se trata de una relación que ha ido madurando y creciendo significativamente en el tiempo, para convertirse el país asiático en un verdadero socio estratégico para Chile, Por eso, el presidente Xi Jinping suscribió en 2016 el acuerdo que eleva la relación bilateral a una Asociación Estratégica Integral, que es una categoría que China reserva sólo para países con perspectivas de desarrollo y capaces de sostener y desarrollar una alianza estratégica comercial China. O sea, se trata de una relación estable y en crecimiento, que ha redundado en el hecho que China sea actualmente el socio comercial más importante en el comercio exterior chileno, donde además se han abierto las condiciones para la realización de importantes inversiones Chinas en el país, y la perspectiva de otras que tendrán que ver con el desarrollo de algunos sectores productivos estratégicos. Todo esto no puede borrarse de una plumada por una solicitud, un tanto extemporánea por parte de los EE.UU. en función de su actual problemática internacional. Esa no es una disyuntiva que cumpla un rol esencial en la política exterior chilena, y no debe ser el camino para determinar nuestra propia estrategia internacional.


Luis A. Riveros