Deber de legislar

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Luis Riveros (columnista)

Después de muchas negociaciones, notorios avances y retrocesos conllevando deformaciones del proyecto de ley original, se ha perdido noción acerca de la reforma tributaria que debe discutirse este año. Las objeciones a tal proyecto se han basado más bien en slogans y en pareceres de carácter muy general, como que esta reforma está beneficiando a los más ricos, escaseando los necesarios argumentos técnicos. La integración que postula el proyecto beneficiaría a miles de medianos y pequeños empresarios, quienes siempre quedan “debajo de la mesa” en iniciativas de cambios del sistema impositivo. Negarse a la idea de legislar, por otra parte, atenta contra las tradiciones republicanas con respecto al tema fiscal tan crucial para el país, especialmente cuando tal posición se afirma en preconcepciones sobre una materia en que ya hemos experimentado un fracaso. En efecto, se ha mostrado que la anterior reforma tributaria, que se suponía iba a rendir una cantidad suficiente para, al menos, financiar la gratuidad de la educación superior, quedó lejos de sus proyecciones. Por lo demás, materias como la educación preescolar y la investigación y desarrollo que precisa el país, han quedado abandonadas a su suerte en medio de escasez de recursos y políticas mal definidas o sin fuerte convicción para ser aplicadas. La reforma que actualmente se discute en sus preliminares, no ha llevado a la ciudadanía argumentos claros en contra de la idea de legislar, especialmente en vistas a su potencial importante impacto en beneficio de miles de contribuyentes. Se supone que los parlamentarios están en sus funciones para discutir, analizar y modificar, si es el del caso, los proyectos que fundamenta el gobierno. Oponerse a la idea de legislar es, simplemente, abandonar los deberes que los parlamentarios tienen con su función esencial.

Los argumentos de ex directores del SII, así como de ex Ministros de Hacienda, todos ellos perteneciente al bloque Nueva Mayoría, trasuntan una mirada por encima de apreciaciones reduccionistas que favorecen la idea de no discutir el proyecto de ley. La ciudadanía espera un debate serio sobre tan importante materia, y una resolución que tenga en vista el interés superior de la Nación. El rol de la oposición debiera darse en la discusión de las propuestas y en la defensa de aún mejores ideas para Chile.


Prof. Luis A. Riveros