Oposición para Dummies

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Harald Ruckle (columnista)

¿Cómo ser opositor en el parlamento en los tiempos post modernos? Post neoliberal, post verdad y post sensatez. Aprenda aquí ser un opositor fulminante, con nuestra guía práctica de cinco reglas (“Oposición para Dummies”, edición póstuma de la Universidad del Arco Iris). No se asuste, no hay ningún prerrequisito, académico u otro, (¡leyó bien, ninguno!), para desempeñarse en el cargo. Solo siga las instrucciones, y tendrá una vida plena, sin estrés ni responsabilidades pesadas, llena de riquezas materiales; y con mayor fama que la protagonista del programa “Ridículos” en MTV.

Regla 1: Diga “no” a todo. Bloquee cualquier iniciativa, es gratis. Sus 10 palos y su Audi no peligran. La versión elegante para alumnos avanzados es proponer lo imposible. Si obtiene concesiones, pida más para finalmente concluir con un rotundo NO. Es entretenido freír al gobierno.

Regla 2: Olvídese de sus convicciones. Lo que dijo o hizo en el pasado no importa. Apague el 99% de su cerebro y su corazón. Esto es como en la fórmula 1 donde ganan los que no reflexionen ni sientan nada. El país no existe. No hay otra realidad que conquistar el poder.

Regla 3: Todo vale. Ya hace tiempo, Sun Tzu descubrió el engaño como medio potente para ganar una guerra. Venda culebras progresistas aunque el pobre animal tenga más de 100 años. Sea pillo, para que los Don Ottos del gobierno, con sus argumentos técnicos fomes, se mareen. Algo regalarán.

Regla 4: Repita los mismos eslóganes una y otra vez. Deben ser simplistas, eso sí. Así siempre tendrá algo que responder sin gastar energía neurológica. Aprenda del gurú Big T (Tellier o Trump, ambos maestros).

Regla 5: Desubíquese múltiples veces en público. Siempre conseguirá cobertura mediática para elevar su rating. Contará con periódicos “clínicamente” fieles. Insulte, si puede ser en las cámaras legislativas, mejor. Dese gustos vociferantes y odiosos. Lo peor que le puede pasar es que lo nombren presidente del senado.

Bonus Track: Los enemigos más peligrosos están en sus propias filas. Enlode agresivamente su pasado conformista. Algunos se irán solitos. El resto, alinéelos con amenazas del infierno y promesas apetitosas.

Ahora aprendió todo, mi querido Dummy-Opositor. ¿Fácil, no? Solo le faltan dos detallitos: que los ciudadanos electores también sean dummies; y que el gobierno siga tan dummy de no saber movilizarlos. Suerte con eso.


Harald Ruckle, Master en Economía y Dirección de Empresas