Palos, piedras y frutos

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Luis Riveros (columnista)

Los becarios de doctorado no cuentan con el pago de los compromisos contraídos por CONCICYT y se suspenderán sus ingresos a partir del mes de marzo. Con eso se discontinúa la investigación que llevaban a cabo, y se debilita la integración de la misma en los programas de las universidades y centros respectivos. Se causa un daño a las personas y también a las instituciones, pero eso no es todo. A pesar del esfuerzo que ha llevado a cabo el país para tener un activo programa de doctorados en el exterior, este tipo de situaciones lo pone bajo cuestionamiento, y expone al país y a sus centros de investigación como poco creíbles a la hora de considerarse las postulaciones de nuevas generaciones. Y éstas estarán también más desincentivadas para participar en programas que son de largo aliento y requieren compromisos firmes y serios por parte de la entidad que financia, en este caso el Estado de Chile. Es decir, esto refleja exactamente la paupérrima preocupación que tiene nuestro país por la investigación, el desarrollo y la innovación. Estamos invirtiendo, como se ha dicho hasta el cansancio, menos de un 0.4% del PIB en esta materia, lo cual contrasta pobremente con el casi 2.5% de los países de la OECD, con los cuales nos gusta compararnos. O sea, lejos de la posibilidad siquiera de acercarnos al mundo desarrollado, y a la incorporación de conocimiento nuevo en la producción y las exportaciones. Para calmar nuestras conciencias, se realizan “Congresos del Futuro” que demandan muchos recursos y sirven de vitrina visible a muchos connacionales. Se trata de encuentros masivos, que llevan lo “top” de la ciencia mundial a muchos rincones del país, y coloca a Premios Nobel en las páginas de los periódicos que se preocupan de estas cosas sólo de manera muy excepcional. Esto es muy bueno, aunque, curiosamente quizás para los estándares normales de países avanzados, es financiado y organizado por el Senado de la República. Ni siquiera por el Ministerio de Educación, CONICYT o el nobel Ministerio de Ciencia y Tecnología, cuyo prepuesto, como se había previsto es totalmente insuficiente. Es decir, es otra vergüenza para un país que ni siquiera cumple sus compromisos con los becarios y no tiene ninguna iniciativa relevante, desde hace años, en materia de investigación, desarrollo e innovación. O sea, digno de un país cuya fortaleza exportadora son sólo palos, piedras y frutos: puro pasado y nada de presente y futuro.


Luis A. Riveros

Universidad de Chile