Izquierda irremediable

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Enrique Goldfarb (columnista)

A raíz del viaje de Sebastián Piñera a Cúcuta, para asistir al concierto que sirve como fondo a la ayuda humanitaria a Venezuela, la izquierda se ha lanzado en picada a criticar el viaje.

Se ha quejado con todo y de todo. Desde que hay prioridades internas a raíz de los incendios hasta que no es posible que se involucre en “operativos”, pasando por las increíbles declaraciones de José Miguel Insulza asustando sobre una posible guerra civil en el asediado país, asediado por el hambre, las enfermedades y la ominosa represión de Maduro. Así, la izquierda criolla se ha unido a los virulentos ataques del mismo Maduro a la visita de Piñera.

Aquí puede resultar interesante preguntarse cuál es el rol que debe jugar la oposición ante un acto como éste, democrático, y en pro de los derechos humanos de un pueblo sufriente.

Partiendo por el hecho que Maduro se niega rotundamente a recibir la ayuda internacional de los que considera sus enemigos (ha forzado a que Putin se ponga con ayuda y hasta con un competitivo concierto) y que, en forma paranoica, crea que detrás se esconde un intento de golpe contra él. Algo de razón tiene, porque cuando el pueblo venezolano se haga de la mano amiga que lo salva del hambre y lo cura de sus enfermedades, y tenga conciencia de que su líder se ha opuesto a que reciban tal alivio, el clima interno se agudizará en contra de él. Pero eso no significa que tenga justificación. De hecho, y para todos los estándares morales, Maduro y sus secuaces sobran. Y si esto sirve para echarlo, tanto mejor. Y sigue siendo democrático que así sea, porque la única razón por la que sigue es porque las mayorías no han logrado manifestarse debido a la manipulación de Maduro.

Pero volviendo a la izquierda. Si calla, no se hace notar y una facción política tiene la obligación de hacerse oír so pena de desaparecer. Sin embargo, cuando lo que dice va en su contra, es mejor no decir nada. Porque aparecer negándose a la ayuda humanitaria, para no mencionar que sigue, a pesar de todo, apoyando incondicionalmente a Maduro, perjudica notoriamente su imagen.

Evidententemente, hablamos de la izquierda y no de oposición. Soledad Alvear, haciendo lucir sus dotes republicanas, ha salido a defender el viaje de Piñera por las razones humanitarias que hay detrás. Esto no tendría nada de novedoso ya que parece lógica, legítima, democrática y humanitaria la ayuda a Venezuela y la de todo aquel que la aplaude. Sin embargo, el ruido ideológico de la izquierda convierte esta demostración en encomiable. Sin duda, la izquierda sigue perdiendo terreno, tanto en el campo de las ideas como en el campo moral.


Enrique Goldfarb