Baldón Republicano

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Luis Riveros (columnista)

Preocupante el desprestigio que ha ido ganando el Congreso Nacional y sus miembros. Se trata del centro neurálgico de la democracia representativa, y el ente pensante del diseño de la normativa institucional y del debate sobre el destino y marcha del país. Siempre fue el Congreso, a lo largo de nuestra historia, un centro de debate de alto nivel sobre la marcha de la república y el futuro de la Nación. Mucho talento se volcó en su desempeño en momentos cruciales para la Patria. Hoy lo vemos cuestionado por la ciudadanía y ubicado en los últimos lugares en la evaluación ciudadana de las instituciones, dañando a nuestra democracia. Los titulares abundan sobre arreglos financieros, mal uso de recursos, pagos excesivos y prebendas que están muy lejos de la realidad normal de los chilenos. No son pocos los parlamentarios que han debido comparecer ante los Tribunales por presuntos ilícitos ni son menos los que figuran en la prensa merced su disposición mediática, actividad farandulera y poca predisposición a la sobriedad de la que debiesen ser ejemplo. Su talento legislativo, más allá de encomiables excepciones, no ha sobresalido en temas cruciales que preocupan a la ciudadanía: previsión, salud, educación y seguridad ciudadana. El grave problema del SENAME, por ejemplo, duerme en Comisiones que no cumplen su cometido. Abundan las discusiones en temas más bien accesorios que bien podrían tener lugar cumplido lo fundamental: brisca, taca-taca, saleros en las mesas, día nacional de la cueca. Legislan fuera de la realidad diaria de los chilenos y sus necesidades; un ejemplo es la reciente ley de registro de mascotas o la anterior de chalecos amarillos. Y lo que legislan está lleno de defectos; por eso debió volver a revisión la llamada reforma tributaria y, de un modo u otro, la ley de educación superior. Le haría bien al país que el Parlamento se diera un espacio para pensarse a sí mismo, para concordar sus fortalezas y debilidades, para elaborar un plan de acción que promueva el rescate de su misión nacional y busque en su historia el mejor hacer que demanda la ciudadanía. Contribuiría así también nuestro Congreso a enaltecer la venida a menos relevancia de la política y sus organizaciones.


Luis A. Riveros

Universidad de Chile