Los derechos humanos de maduro

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Enrique Goldfarb (columnista)

No podía quedar mejor retratada la violación de los derechos humanos de parte del régimen de Maduro, al afirmar éste que Venezuela no necesitaba ayuda humanitaria. En tanto, la mortalidad infantil ha aumentado en 30% por...desnutrición. 30.000 venezolanos se están yendo diariamente del país a Cúcuta, en Colombia para...¡poder comer algo, o conseguir algunas medicinas!. Irónicamente, Cúcuta es el lugar donde Bolívar concentró sus tropas para iniciar su vasta guerra de independencia. Ahora, sería Bolívar contra la revolución bolivariana.

La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, dijo que la ayuda era cancerígena; con la tranquilidad de su estómago lleno y su conciencia bloqueada, entregada en cuerpo y alma, como todo su gobierno y sus líderes, a matar o morir.

Maduro está tan convencido de su situación que intentó engatusar al Papa, el que como vimos en Chile, es fácilmente manipulable. Le pidió mediar, para desviar la enorme presión universal para que haya elecciones libres. Pero el mismo Papa le cerró la puerta en sus narices diciéndole que él está siempre dispuesto al diálogo, pero que es Maduro el que no cumple sus promesas.

En tanto la izquierda chilena, ciega y sorda a todo lo que no sean sus delirios y prejuicios, lo defiende y ayuda a ganar tiempo. Vi a José Miguel Insulza, el de pálido performance como secretario de la OEA, aún más pálido como agente de La Haya, y ahora solicitado por su partido, el PS, para que postule como candidato presidencial, criticando una posible intervención militar, asustando con los ríos de sangre de una guerra civil, como lo hace Maduro, cuando es patente que va perdiendo apoyo interno. Por otra parte, la Alta Comisionada por los DDHH de la ONU, no ve problema con los derechos humanos en Venezuela y se niega a visitar el país

Solo faltaría que los millones de ciudadanos, desesperados por el hambre, salgan a tomarse el palacio de gobierno. Creo que ni siquiera los adoctrinados soldados cubanos que pululan en el país, se atreverían a disparar a las multitudes. Tal como en la Revolución Francesa, pero esta vez contra el que se ha erigido en el defensor del pueblo. Un engaño mayúsculo con un burdo sometimiento y aprovechamiento del pueblo, en donde se ha desvanecido el aura inicial que pudo haber tenido en sus comienzos, producto de la ausencia absoluta de un buen gobierno.


Enrique Goldfarb