Requerimientos Excesivos

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Luis Riveros (columnista)

La acreditación de las instituciones de educación superior ha sido un paso trascendental para propiciar su desarrollo en calidad. En efecto, durante un buen tiempo el sistema de educación superior estuvo en expansión solamente en vista a su tamaño, con muy poca atención a la calidad académica. Eso desató una crisis que aún no se supera, en cuanto a las numerosas instituciones que han desaparecido y a los miles de jóvenes que no vieron cumplidas sus expectativas formativas. El sistema de acreditación puso reglas y criterios para determinar el difícil concepto de “calidad” y llevarlo a la evaluación del trabajo de las instituciones. Los recientes acomodos tratan de superar problemas que contuvo la ley del año 2006: una Comisión formada por “representantes” de distintas entidades y la determinación arbitraria de criterios de calidad a ser aplicados. Por ese camino, se edificó un sistema que requiere la preparación de extensos informes, y la dedicación de recursos sustanciales para cubrir lo más adecuadamente todos los criterios de evaluación de calidad. Las instituciones han debido crear departamentos completos y dedicar parte importante del tiempo a preparar antecedentes, cruzar información, llevar todo al mínimo detalle y , en definitiva, distraer sustanciales recursos del hacer fundamental que es enseñar e investigar, para cumplir con criterios administrativos que se imponen verticalmente. Además, de acuerdo a las nuevas reglas, la acreditación institucional se hará simultáneamente con aquella de las carreras, las cuales serán seleccionadas arbitrariamente. Es decir, los aparatos centrales de las instituciones deberán multiplicar los recursos dedicados a preparar informes y estadísticas para la acreditación; en instituciones de tamaño mayor, esto significará poco menos que crear una “Facultad de Acreditación y Calidad”. La desviación de recursos desde la docencia para cumplir con la acreditación no parece del todo equilibrada. Es importante que la nueva CNA establezca con criterio amplio los requisitos de información y elaboración de informes para las sucesivas acreditaciones. Lo que nos ha dejado el sistema vigente hasta hoy es una interminable lista de requerimientos y poca presencia de orientaciones que permitan hacer mejor uso de los recursos dedicados a cumplir cabalmente con el importante propósito de fondo.


Luis A. Riveros

Universidad de Chile