INE autónomo

|


Leonardo Moreno (columnista)

No es primera vez que el INE sufre cuestionamientos políticos o metodológicos. El debate de estos días comenzó hace meses, con las críticas a la estimación del empleo y las pruebas que ha anunciado esta institución para corregir sus cifras, que eventualmente subestiman la creación de empleo.

Desde diciembre, cuando quedó en evidencia que el Banco Central estaba usando otras fuentes estadísticas, contradictorias con las del INE, respecto de sus decisiones para la Tasa de Política Monetaria; los economistas del Grupo que la calcula, plantearon que el problema era grave y por tanto, urgente mejorar las estadísticas oficiales.

Cuestionamientos por la calidad de las estadísticas del este organismo, se reactivan cada cierto tiempo y no obstante, desde marzo del año pasado está pendiente y sin prioridad legislativa, la tramitación de la ley que le otorga más autonomía, capacidad y presupuesto.

Quienes tenemos preocupación por lo público, sabemos que las instituciones democráticas deben contar con la confianza de la ciudadanía, los expertos y de quienes toman las decisiones de política pública. Por ello, planteamos en un debate similar que se dio en 2012, nuestra concordancia con el Ministerio de Desarrollo Social que en esa época planteó que "ojalá" la medición de la pobreza pudiese ser realizada por un INE autónomo. A propósito de las cifras de la Casen, nos parecía importante plantear la necesidad de avanzar en el perfeccionamiento de nuestra institucionalidad, y de establecer correcciones que separen las funciones evaluativas y ejecutoras de políticas específicas. Hoy la independencia necesaria es garantizada por el Panel de Expertos de la Casen. Con todo, pensar un país con instituciones especializadas y técnicas fortalecidas, es positivo y lo es también discutir seriamente sobre las características que debe tener un organismo con el objetivo que entregue cifras confiables, de manera gratuita con total autonomía e independencia política. A esa discusión estamos todos llamados: reparticiones del gobierno central hasta los gobiernos locales, instituciones de la sociedad civil, academia, etc.

La Eurostat europea, por ejemplo, organismo técnico independiente y sostenido por todo el conglomerado, se plantea desde la lógica de que las sociedades democráticas no pueden funcionar adecuadamente sin bases sólidas (institucionales y políticas) y sin estadísticas sólidas.

Por ello, tenemos la convicción que el INE debiese ser una institución altamente capacitada, independiente del gobierno de turno, con directivos que ingresen por Alta Dirección Pública y con un funcionamiento independiente y autónomo, similar al del Banco Central, el CNTV o el INDH. Reactivar la tramitación de la ley pendiente es clave para comenzar a recuperar la confianza en la institución que nos provee de gran parte de las necesarias estadísticas para diseñar buena política pública.


Leonardo Moreno, director ejecutivo de la Fundación Superación de la Pobreza