No más... sino mejores

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Luis Riveros (columnista)

Hace pocos días un destacado columnista argumentaba que se hacía necesario crear un nuevo partido de centro, en el que convergieran aquellos hoy día disconformes con la izquierda y la derecha que claman también ser “ de centro”. El problema es que en Chile los partidos son en general entidades poco atractivas para participar puesto que no se han constituido en centros de pensamiento y propuesta sobre aquello que la ciudadanía considera relevante e indispensable. O sea, el punto es que no se necesitan más partidos, sino mejores partidos capaces de interpretar con legitimidad las inquietudes ciudadanas. Eso fueron los partidos durante buena parte del siglo XX: receptores de ideas, canalizadores de propuestas y legítimos representantes del sentir ciudadano. Y eso es lo que los partidos hoy día no son: no representan a la ciudadanía, expresan un más bien desordenado y confuso conjunto de principios y postulados, y se caracterizan por ser más bien administradores del poder y de los privilegios que eso otorga, solamente reactivos a las propuestas de otros. Por esa razón, quizás, aquellos jóvenes que nos dijeron que se constituirían en la verdadera renovación de la política, no pueden hoy sino mostrar el más claro fracaso, al ser simplemente “más de lo mismo”. Por ejemplo, solamente un 7% de sus militantes han acudido a pronunciarse sobre una nueva directa en uno de los (ya múltiples) partidos jóvenes. Y es que, sin claridad ni seriedad en las propuestas que se sostengan, y un programa que consiste simplemente en oponerse a lo que otros postulan, es poco factible hablar de partidos políticos. En realidad, son más bien clubes electorales, que se reparten el poder y usufructúan del mismo; al menos así los ve la ciudadanía y son así pobremente calificados en las encuestas de opinión. Chile necesita partidos políticos, alejados de esa extraña conjunción en que los han convertido los medios de comunicación: emisores de “cuñas” y verdaderos manipuladores de una ciudadanía que merecería mejor representación. Son entidades sin proyecto, sin sueños de país y sociedad, sin ambiciones más allá de la repartición del poder.


Luis A Riveros

Universidad de Chile