Ley Machuca

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Enrique Goldfarb (columnista)

Es increíble lo que puede hacer el progresismo para quemar etapas en la escala social, y llegar a la igualdad de clases. Tomando la educación como campo de batalla, idearon una reforma profundamente ideológica, que nos ha conducido a un sistema escolar y universitario aberrante.

Reincidiendo, se supo que el diputado Matías Walker, junto con el PPD y el PC, busca aprobar una ley que obligue a los colegios privados a aceptar alumnos pobres, como la película sesentera " Machuca". Como esto es puro marketing socialista, la clave está en herir a los colegios que tanto se renombran día a día, y de donde salen los prohombres de gobierno y de los negocios, así que tomaremos como referencia los colegios privados de elite.

Creo que es lo peor que le podría pasar a ese alumno " vulnerable". Es una ilusión pretender que por ese solo hecho podrá vivir la vida de los que nacen en cuna de oro.

Por de pronto no será elegible para trabajos reservados a los ocho colegios, de los que tanto se habla, ya que le faltará legitimidad. En una palabra, pesará que su apellido sea Machuca. Además, salvo que sea un genio, quedará rezagado en las clases por carecer del ambiente que da una mejor base cultural e intelectual. Sin contar el desprecio durante 12 largos años de sus compañeros-las elites saben discriminar, si no, no serían elite- y la frustración al saber que no tiene los medios para vivir las comodidades de los otros. Se formará un resentido y se arruinará su justo derecho a la felicidad.

No nos engañemos. No se pueden saltar etapas naturales usando las leyes. La clave está en optimizar la educación primaria, la base del intelecto de los hombres, junto con la familia. Al pasar a la secundaria, es mucho mejor retomar el sistema de colegios subvencionados. Si todos pagan lo mismo, el alumno se sentirá, con toda razón, con el derecho a no ser discriminado por nadie. Y las becas, no hacen tanto una diferencia como no pagar nada en un colegio de elite. Y paralelamente mejorar los liceos públicos. Es así como se contribuye mejor a la movilidad social, ya que un joven con educación, meritorio por sí mismo, encontrará lugares de privilegio en una economía de mercado pujante, donde discriminar cuesta plata y la gente no quiere perder plata, por encumbrada que sea. Y aunque por el momento no sea el caso en la “creme de la creme” de las industrias, eso se está dando cada vez más.


Enrique Goldfarb