Los Robots no tienen a Dios en el corazón

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Alfredo barriga (columnista)

Ese es el título del libro escrito por el autor chileno Arturo Aldunate Phillips el año 1964, hace ya 55 años. Frente al panorama que nos pinta Yuval Harari en su best seller “21 lecciones para el siglo 21”, que hoy por hoy se está convirtiendo en lectura obligada, el libro de Aldunate Phillips da respuestas a algunas de las preguntas que Harari se hace.

El título de libro de Aldunate Phillips tiene las dos palabras que subyacen en esa respuesta: “Dios” y “corazón”. Frente a la percepción de post-humanismo que nos traen tecnologías como la inteligencia artificial, el machine learning y la edición genética, bueno es recordar que la naturaleza humana es mucho más compleja y tienen muchas más dimensiones que la meramente intelectual y emocional. Si bien existe la posibilidad de que un algoritmo componga algo parecido a la novena sinfonía de Beethoven, sigue sin ser Beethoven, con toda la riqueza del ser. Los algoritmos son algoritmos, no son personas. Pueden simular el comportamiento de una persona, pero siguen sin ser persona. Pueden pensar mejor y más rápido y tomar mejores decisiones y resolver mejor los problemas, pero siguen sin ser personas. En la triple arista de la especie humana (física, intelectual, espiritual) hay una que no les alcanza: la espiritual. No tienen a Dios en el corazón.

He tenido intensas discusiones con familiares y amigos no creyentes, que al final concluyen en empate. Ellos me dicen que como yo creo en Dios, armo toda mi argumentación para demostrar que Dios existe. Yo les retruco que como ellos no creen en Dios, arman toda su argumentación para demostrar que Dios no existe. Y hasta allí llegamos. Mis últimos dos argumentos post-empate son los siguientes.


1) Puesto que tanto tu como yo partimos de un convencimiento preexistente, la verdad puede ser una o la otra. Lo que sí se puede afirmar es que uno de los dos está equivocado. Lo importante es qué hacer frente a esta pregunta. Entonces, prefiero tomar el camino de que Dios sí existe. Así, si al morir resulta que no existe, da igual, porque seré solo polvo. Pero si al morir resulta que sí existe, habré estado preparado para esa realidad y podré gozar de mi convicción hasta la eternidad. Con tu postura, solo tendría sentido si no existiera, por lo tanto, no estaría preparado para la otra opción.


2) Confundimos el “ser” de las cosas con la manifestación de ese ser. Es cierto que con inteligencia artificial y física cuántica se puede reproducir un ser humano, pero porque precisamente estamos diciendo que lo puede reproducir, estamos diciendo que no lo es.


La fe no es un proceso intelectual. Es un proceso de encuentro con un ser supremo. El intelecto es una de las potencialidades que tenemos para llevar a cabo ese proceso, pero no es la única. Reducirlo todo a lógica es no entender la naturaleza del ser humano ni la naturaleza de ese ser supremo. Es intelectualizar un concepto, que no lo resuelve ontológicamente.

Soy un profundo optimista de la nueva revolución industrial 4.0 porque creo firmemente que va a significar un salto adelante en la evolución de la raza humana. Una vez los robots hagan todo lo que nuestras dimensiones física e intelectuales hacen, una profunda reflexión se apropiará de nuestra especie, acerca de qué significa ser humano, cual es su rol en el universo, por qué “somos”. Y eso nos conducirá a que descubramos nuestra arista espiritual, aquélla que no puede ser llevada a cabo por la tecnología. Y nuestra especie se abocará a desarrollar esa dimensión.

Puede que alguno de los lectores me traiga a colación el libro de Isaac Asimov “El hombre bicentenario”, sobre la mutación de un robot en ser humano emocional, porque al fin y al cabo las emociones son solo reacciones químicas. Discrepo de esa visión. Las reacciones químicas son la forma en que nuestro cuerpo somatiza las emociones, no las que las producen. La potencia más sublime de la especia humana, el amor, se expresa a través de esas reacciones, pero no son esas reacciones las que lo producen (por algo son “reacciones”). Y tendríamos otra intensa y apasionante discusión que probablemente terminaría en empate, porque estaríamos haciendo una discusión de lógica sobre algo que es espiritual.

Como creyente me da una alegría enorme ver como Dios lleva la historia y conduce a la humanidad hacia su máxima manifestación por el Amor.


Alfredo Barriga Cifuentes

Consultor en Transformación Digital

Autor de “Futuro Presente: cómo la nueva revolución digital afectará mi vida” (Amazon)

Profesor UDP