Igualar a los que no son iguales

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Enrique Goldfarb (columnista)

La obstinación de la izquierda por no discriminar a todo evento pasa por igualar a los que no son iguales. Es el caso de la tómbola en los colegios, símbolo del rechazo opositor a la Ley de Admisión Justa. Después de leer la columna del Presidente (lunes en El Mercurio), uno se da cuenta que es un intento de introducir tímidos criterios de selección, sumamente razonables por lo demás, más que el desmadre de la discriminación, como quiere hacer creer la izquierda y la DC.

Donde la selección se introduce de frentón es en los liceos emblemáticos, que por definición es el de los mejores. Si no eres bueno no entras. En el resto, sólo algunos toques mínimos.

Me recuerdo que yo mismo entré al Instituto Nacional en 6º básico. Tenía muy mala base y me la detectaron antes de entrar. Pasé todo el verano, todos los días, con clases particulares de 9 a 9. Resultado. A los 10 años, más o menos, aprendí a escribir sin ninguna falta de ortografía y a pasearme por la aritmética básica, lo que he agradecido todos los días de mi vida. Creo que esa es la clave, capacitar a los rezagados en lugar de bajar los niveles de excelencia. Además, poner todo el fuego en la enseñanza primaria, cosa que ni tocó la reforma anterior, y mejorar el nivel de los liceos públicos

No hay que olvidar que las igualdades son de oportunidades y no de hechos. Porque ¿qué hace un porro en medio de estudiantes más avanzados? Si no lo seleccionan antes de entrar lo seleccionarán una vez adentro. En la escuela de Economía de la U de Chicago, por ejemplo, entran casi todos, prácticamente sin discriminar. Pero para seguir al doctorado rajan a la mitad. Y si hay puros genios, la mitad de los genios queda afuera. Con el sistema de la tómbola, el paso que seguiría es la prohibición de rajar a los malos alumnos.

Gonzalo Rojas comentaba en su columna del miércoles en el mismo Mercurio, que la igualdad que se introdujo en la admisión escolar era propia de las dictaduras, y mal que le pese a la izquierda, afortunadamente no hemos llegado a eso.

La izquierda dice que forzar la igualdad contagia benévolamente a los peores, por el contacto forzado con los mejores. Es justo al revés. Los buenos se ponen más malos.

Ahora que está en el centro de la noticia el Congreso Futuro, el Presidente preguntó en sus palabras inaugurales, si Chile estaba preparado para enfrentar el futuro. No cabe duda de que si los criterios fueran decididos por una tómbola, nos estaríamos alejando cada vez más de lo que será el mundo en pocos años más.


Enrique Goldfarb