A encontrar nuestra historia

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Luis Riveros (columnista)

La situación prevaleciente en la Araucanía es de mucha gravedad, de la que a veces no nos percatamos plenamente en el resto de Chile. Es cierto que existe un conflicto de más de dos siglos que no fue efectivamente controlado a partir de la llamada “pacificación”. Es también efectivo que esta situación es hoy aprovechada por grupos violentistas que nada tienen que ver con el pueblo mapuche en su sentido integral. El resultado es lo que el país aprecia: quemas de vehículos, ocupación de propiedad privada, cortes de caminos, restricciones al ingreso en la pretensión de ser un territorio autónomo. Se confunden aquí las acciones violentistas, impulsadas por grupos militantes y partidos extremistas, y las legítimas problemáticas que afectan a la población mapuche y a su entorno geográfico. Todo esto, junto a un decaimiento en el efectivo proceder de Carabineros y una virtual paralización de la autoridad regional. Hay un caos creciente que deriva de un problema estructural: la aspiración a tierras que son reclamadas como ancestrales aunque legalmente cedidas o vendidas hace muchos años. Pero también es resultado de problemas coyunturales: la falta de caminos decentes, el grave retraso en materias sociales, la falta de oportunidades para los niños y jóvenes de la etnia mapuche. Es cierto: el gobierno central ha impulsado acciones para superar muchos de estos problemas, y tratado de perfeccionar la institucionalidad para abordarlos. Pero eso no es suficiente: es necesario se de vida a una Comisión Presidencial que radique en la Araucanía para abordar estos problemas, tenga potestad administrativa y política para llevar a delante un plan de acción, y pueda rescatar a la Araucanía de las manos extremistas y violentistas que pretenden conducirla. Una Comisión Presidencial que aborde lo estructural y lo coyuntural de la problemática mapuche y de la Araucanía. Ha hecho bien el gobierno en tener ministros en terreno y acometer una agenda proactiva. Pero es necesario un plan que se sostenga en el tiempo, que elabore una agenda de diálogo y acción que, con los debidos recursos, pueda llevar el mensaje que espera escuchar el pueblo mapuche: sólo el camino de la paz conducirá a la realización de sus efectivas ambiciones ancestrales. Y es el mensaje de paz y diálogo que todo el país quiere escuchar.


Luis A. Riveros

Universidad de Chile