Informe de Gemines: ¿Cómo será 2019 para la economía chilena?

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“El 2019 será un buen año…. al menos en lo económico para Chile”, así lo indica Tomás Izquierdo, economista y gerente general de Gémines en el último informe de la entidad. Según plantea, es cierto que la incertidumbre sobre el escenario económico internacional ha aumentado. Se han revisado a la baja las proyecciones para el crecimiento económico mundial y se mantienen “abiertos” temas amenazantes, como el desenlace del Brexit o la incipiente Guerra Comercial entre Estados Unidos y China. También es cierto que se observa un deterioro en el clima de negocios y expectativas internas, por parte del mundo empresarial, y caída de la confianza en la situación económica, por parte de las familias. “A pesar de todo ello, en ausencia de grandes sorpresas externas, pensamos que el presente será un buen año para la economía chilena, escenario base que se expone a continuación”, comienza.

En lo externo, apunta el autor, partiendo por Estados Unidos, si quiere ser reelecto para un segundo período, Donald Trump necesita que la economía repunte. La caída del mercado bursátil, probablemente el mejor indicador adelantado de mercado, augura un deterioro en el crecimiento económico, tal cual lo reflejan también el bajo nivel que registran las tasas de largo plazo. En este contexto, si hay un tema que depende principalmente de una decisión de Trump, y que contribuiría a mejorar expectativas económicas tanto en Estados Unidos como a nivel mundial, es alcanzar un acuerdo definitivo de cierre de las disputas comerciales con China. “Así, empujado además por un creciente descontento en sus propias filas republicanas, en el escenario base asumimos que Trump cerrará este flanco de incertidumbre probablemente en el transcurso del primer trimestre de este año”, comenta Izquierdo.

Agrega que el tema del Bréxit “es sin duda complejo, y es probable que se rechace la propuesta de ‘salida ordenada’ liderada por Theresa May en la votación de esta semana. No podemos garantizar que se encontrará una salida razonable para el impase, pero sí sabemos que los europeos tienen una larga tradición en el terreno de las negociaciones político-económicas internacionales, y que lo más probable es que se logre algún tipo de acuerdo razonable antes de la fecha límite del 31 de marzo. Preocupa también la desaceleración que registran las principales economías de la Zona euro, particularmente Alemania y Francia. Todo indica que técnicamente Alemania registrará una breve recesión, toda vez que ya tuvo una caída de PIB en el tercer trimestre, cosa que se repetiría en el cuarto dadas las malas cifras conocidas para la actividad industrial. Con todo, en un contexto global que no se complica en exceso, y que recibe el alivio del término de la amenaza de un escalamiento en la guerra comercial, no esperamos que la situación económica europea se deteriore en forma relevante, sobre todo teniendo en cuenta el efecto positivo que la caída del precio del petróleo genera sobre el ingreso de los europeos, y asumiendo que mientras la inflación siga contenida, la política monetaria seguirá siendo fuertemente expansiva.”

De acuerdo al ejecutivo, “el problema mayor, la creciente pérdida de apoyo a la pertenencia a la unión europea por parte de sus ciudadanos, si bien es muy complejo y de desenlace incierto, no es un problema que genere mucha incertidumbre de corto plazo.” Sostiene que el resultado de las elecciones para el Parlamente europeo, a celebrarse en mayo, probablemente levantará con fuerza la necesidad de revisar la estructura actual del acuerdo, de manera de mejorar su viabilidad política de largo plazo.

“La relativa debilidad observada en el crecimiento de China evidentemente genera preocupación, sin embargo no debemos olvidar que China es distinta, que se maneja en forma muy centralizada, y sus que sus autoridades tienen herramientas de política económica, tanto monetaria como fiscal, para evitar una brusca desaceleración. Evidentemente, si se cierra la amenaza de guerra comercial con Estados Unidos, el mantener un crecimiento alto resulta más sencillo”, consigna.

En el frente regional, Izquierdo afirma que aunque la situación de Argentina es muy compleja, no genera demasiado contagio negativo para Chile. “Sí preocupa más la capacidad que muestre el gobierno de Bolsonaro para realizar las reformas económicas que Brasil necesita, tarea extremadamente compleja. También preocupa el ruido que provocan tantas propuestas de contra-reforma que lidera López Obrador en México, lo que probablemente dañará el desempeño económico de dicho país. Por el contrario, aunque con desafíos importantes, las expectativas para Colombia, Perú y Chile han mejorado, toda vez que las proyecciones de crecimiento económico han sido revisadas al alza para las tres economías, tal cual lo refleja la encuesta global de Consensus Forecast”, comenta.

“En suma, es evidente que el escenario externo presenta muchas nubes en el horizonte, sin embargo, apostamos que en los próximos meses se cerrará la amenaza de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, lo que generará un punto de inflexión favorable en las expectativas sobre la economía mundial. La mantención de bajas presiones inflacionarias, asociadas en parte a la caída del precio del petróleo, contendrá el ritmo de alza en la tasa de interés de Estados Unidos. En ese escenario, es perfectamente posible una corrección al alza en las expectativas de crecimiento para China, lo que a su vez podría provocar un rebote en el precio de los commodities más ligados a la producción industrial, entre ellos el cobre”, concluye.


El Frente Interno


A pesar del ruido externo, y del deterioro de expectativas internas ya comentados, en la última encuesta de expectativas del Banco Central el mercado mantiene su predicción de crecimiento en 3,6 % para el presente año. “Nos parece razonable, y entregaremos varios argumentos que soportan una estimación de ese nivel”, constata.

Según postula, el elemento más relevante para ser relativamente optimista con el crecimiento interno tiene que ver con la trayectoria que muestra la inversión, la cual creció fuerte el año 2018 (del orden de 5,5 %), y lo haría aún más el presente, con una expansión superior al 6%. El economista sugiere que esto tendrá un importante efecto multiplicador sobre la actividad y el empleo a nivel agregado. “En el caso del empleo, en la medida que los proyectos de inversión ligados a la construcción van madurando, se hacen cada vez más intensivos en el uso de mano de obra, lo que debería reflejarse en una aceleración en el crecimiento de la ocupación. Además, el impacto positivo de la inversión en construcción sobre otros sectores también es creciente en la medida que se avanza en las etapas del proyecto. La demanda derivada hacia otros sectores, como la industria, el comercio o el transporte, se va incrementando en la medida que se avanza a las etapas finales de cada proyecto”, destaca,

“Esperamos que un mercado laboral más dinámico contribuya a mejorar las expectativas de los hogares, lo que junto con un mercado del crédito menos restrictivo y con tasas de interés atractivas, ayudaría a sostener un razonable crecimiento del consumo”, estima, añadiendo que “la Tasa de Política Monetaria (TPM) subirá gradualmente, en la medida que el tipo de cambio y el precio de los combustibles contribuirán a mantener contenida la inflación, y que el cierre de brechas de capacidad sólo se enterará hacia fines de este año. También ayuda a moderar el timing de alza en la TPM el hecho que Estados Unidos avance más lento en la misma dirección, tal cual se espera en el actual escenario externo. Por su parte, las tasas de largo plazo subirían bastante menos, tal cual sucede en la economía mundial, lo que contiene el impacto negativo sobre la demanda inmobiliaria y la inversión en general.”

Evidentemente, menciona, “si a lo antes descrito agregamos una mejoría en las expectativas económicas internacionales, con un impacto positivo sobre el precio del cobre, todo lo anterior se amplifica. Ello tendría un importante efecto positivo sobre el ingreso de la economía, particularmente para el presupuesto fiscal, además de contribuir a estimular más la inversión en minería, con todo el efecto multiplicador que ello conlleva. También generaría una apreciación de nuestra moneda, o una caída del tipo de cambio, lo que estimula al sector no transable, particularmente al comercio, además de contener la trayectoria de la inflación. En este caso, probablemente las expectativas de crecimiento subirían para el presente año, y sería posible, e incluso probable, que alcanzáramos nuevamente un crecimiento en torno al 4% el presente año.”