​Cohesión Social: Hacia dónde avanzar en 2019

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2018 ha terminado con una agenda pública y noticiosa un tanto revuelta, con temas que han vuelto a abrir heridas en el alma nacional como la violencia y la corrupción, y que afectan nuevamente nuestra siempre delicada convivencia como país.

No deja de ser confusa, para todos, la existencia de diversas acusaciones cruzadas sobre posturas políticas extremas, que a su vez se alimentan de la xenofobia, el racismo, la aporofobia, el clasismo o la intolerancia. Líderes de todos los sectores están obviando la prudencia. Sabemos que este fenómeno no es patrimonio exclusivo de nuestro país. En el mundo entero el diálogo, la racionalidad y la prudencia de quienes ejercen los liderazgos sociales, han dado paso a la explotación de los nacionalismos, del temor y del cansancio de las poblaciones en distintas latitudes. Desde el punto de vista de la comunicación, que gracias a las redes sociales es muy directa, estamos publicando como verdades cosas que no lo son, haciendo eco de hechos no verificados y en consecuencia, haciendo un daño pocas veces calibrado. Esta práctica solo genera polarización y va en contra de la cohesión social. Divide más nuestra ya fragmentada sociedad y empeora la ya afectada convivencia social.

En nuestro país hoy incluso se está discutiendo la posibilidad de tener una ley que castigue la promoción del odio. Complejo asunto que choca con la libertad de expresión. La generación de noticias falsas y la falta de responsabilidad en el uso de las redes sociales también contribuyen a este mal clima: estudios como el del Instituto Milenio, han demostrado que las publicaciones más polarizadas obtienen más interacciones y por tanto amplifican la odiosidad.

Frente a este clima, ¿qué hacer? ¿Sancionar penalmente estas conductas? Pareciera que el camino socialmente acordado debiera ir más bien por la promoción efectiva de más transparencia que nunca, condenar la corrupción, la mentira, la incitación al odio, y educar en el valor de la diversidad. Debemos avanzar hacia esa mirada inclusiva que refresque y sane nuestra convivencia. Sin duda es tarea de todos. En una de esas, lo mejor sería comenzar por reconocer y respetar nuestras legítimas diferencias y aislar aquellas conductas (no pensamientos), que acordadas entre todos, reconozcamos como profundamente dañinas para una sana convivencia democrática.


Leonardo Moreno

Fundación para la Superación de la Pobreza