​Un país Decepcionado

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Luis Riveros

Donde quiera se abran las páginas destinadas a evaluar seriamente la marcha de Chile en este 2018, brotan con ímpetu las más graves decepciones y ansiedades nacionales. Una crisis institucional en pleno desarrollo, en que los Poderes del Estado se encuentran bajo serio cuestionamiento: el Parlamento desprestigiado, el Poder Judicial cuestionado ya por su baja eficacia y su ambivalencia. El Gobierno que recién ha comenzado ya es calificado “apenas sobre 4”, y se percibe claramente desorientado frente a la crítica y la virtual guerra civil en la Araucanía. Todo esto junto a los escenarios de corrupción en que juegan como actores no sólo políticos y empresas privadas otrora de prestigio, sino también las Fuerzas Armadas y de Orden. La gente, además, se siente a merced de empresas desleales que se sirven del consumidor o ahorrante y que no están para servirlo en una competencia transparente y honesta. La Iglesia Católica, otrora refugio moral del pueblo, es ahora protagonista de escándalos vergonzosos, de lo cual no escapan otras Iglesias cuyos líderes son investigados por asuntos financieros. Los Partidos Políticos no tienen orden y poseen escasa propuesta; la oposición no enarbola ideas sino simples slogans, forzando al país a mantener su mirada en el pasado y no en el futuro que debemos construir. Los movimientos que surgieron para “renovar la política” han sido simplemente más de lo mismo en la nefasta oleada de politiquería que nos envuelve. Ya no se confía en la educación como un almácigo de virtudes ciudadanas, y las universidades están más preocupadas de sus finanzas que de la formación integral de las nuevas generaciones. Frente a todo eso, y como un ejemplo de nuestra desorientación, muchos líderes políticos y hasta pensadores que tratan de iluminarnos en esta absurda oscuridad, diagnostican que finalmente el problema es Pinochet y el régimen militar.

El país necesita repensarse y es necesario que se genere un nuevo orden moral. Esta crisis moral que vive la República amerita un diálogo que no está ocurriendo. Seremos así, la vergüenza para las futuras generaciones porque habremos perdido la oportunidad de construir la felicidad largamente adeudada a los chilenos.


Luis A. Riveros

Universidad de Chile