​La otra Camila

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Enrique Goldfarb 1SEMANA

Conocimos a Camila Vallejo, esa joven y hermosa dirigente estudiantil, que, gracias a su belleza y enigmático encanto, se encumbró a lo más alto del sistema político, defendiendo y promocionando lo que aprendió desde chica: las doctrinas marxistas leninistas de su partido comunista. Quienes, sin compartir sus ideales, admiramos su histrionismo, echábamos de menos que alguien más cercano a nuestra manera de pensar, pudiera tener la virtud de encantar a las audiencias, y a la vez, fuera portadora de encanto y belleza femenina.

La espera tuvo su recompensa con Camila Flores, joven diputada de RN, quien, junto con tener las virtudes antes señaladas, añade una aguda capacidad intelectual y notable velocidad mental, que la convierte en peligrosa contrincante para sus enemigos. El periodista Daniel Matamala puede dar fe de esto. Otra virtud es su valentía, ya que, pasando por encima de toda corrección política y cinismo de los tiempos actuales, se declara pinochetista, igual que uno.

Su pinochetismo no es dogmático. Pone de manifiesto el gran mérito del general Pinochet, el habernos salvado-literalmente- del marxismo (el de la otra Camila), en época del pleno esplendor de la Unión Soviética, con su vasto imperio tanto territorial como ideológico, y que tenía su sucursal continental en la Cuba de Fidel Castro. A cambio de la fosilización de Cuba, con una miseria y atraso rampante, para no mencionar la pérdida total de las libertades ciudadanas, Pinochet sentó las bases de un país ejemplar y que al revés del millón de cubanos que con gusto emigrarían, recibe a un millón de inmigrantes.

Respecto de los derechos humanos, debemos recurrir a un legítimo contexto. Cualquiera que haya leído como se construye el socialismo, puede apreciar la irracionalidad, crueldad y deshumanización que se emplea para construir la dictadura que le es propia. El concepto de democracia que los comunistas se arrogan es una burla desenfada a la más mínima inteligencia. Entonces, los atropellos a los derechos humanos en los que lamentablemente incurrió en sus inicios el gobierno militar se los contrasta con una santa inocencia (fuertemente armada y organizada) de la izquierda de ese entonces. Sin embargo, con lo que se debe comparar es con la proyección de lo que hubiera sido Chile si el comunismo se hubiera consolidado en este país. Y si para algo sirve la historia y la experiencia de Cuba, sus asesinados, torturados, privados de libertad, miseria, y horizonte de las penurias (60 años y contando), dan como absoluto y triste ganador al marxismo leninismo.


Enrique Goldfarb