​Soberanía o multilateralismo, un falso dilema

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Hector Casanueva Slider

Los países pueden decidir soberanamente lo que quieran, en cualquier materia. Pero justamente, cuando este principio se aplicó de manera irrestricta, porque lo que unos querían estaba en contradicción directa a lo que otros querían, fue que llegamos a dos guerras mundiales y muchas otras regionales. Incluso algunas hasta nuestros días. Por eso que después de la segunda guerra mundial, logró cuajar una conciencia universal, de que la forma de asegurar la paz era la cooperación entre los estados, sobre la base de un marco común de referencia. Empezamos por crear las Naciones Unidas (antes la Liga de las Naciones, siendo Chile un actor relevante en ambas), adoptando la Declaración Universal de los DDHH, la UNESCO (“construir la paz en la mente de los hombres y mujeres”) y sucesivos acuerdos que desde entonces han ido dando forma a una verdadera comunidad internacional, aún limitada e imperfecta, pero que ha significado avances sustantivos en paz, desarrollo y cooperación. Gracias a este espíritu y conciencia multilateral, es que hoy el mundo está mucho mejor en los indicadores sociales, económicos y culturales. Y estará aún mejor si se cumplen los objetivos de la Agenda 2030 de Naciones Unidas, suscritos por Chile, por cierto.

Y como ahora estamos en una globalización irreversible, y los desafíos son comunes, sin fronteras, como el cambio climático o la pobreza, por citar dos que están en la raíz de las migraciones actuales, es mejor armonizar y converger -no se trata de subordinar unos estados a otros, ni someterse a arbitrarias reglas internacionales- compartiendo visiones y creando instrumentos, para avanzar juntos en la solución de los desafíos globales. El Millennium Project fija 15 desafíos globales a enfrentar mediante el consenso de los estados y las sociedades, en una nueva “inteligencia colectiva”, y la ONU, por unanimidad, fijó hace dos años 17 objetivos de desarrollo sostenible y 169 metas, en la llamada Agenda 2030, con el propósito de terminar con la extrema pobreza en el mundo, y por lo tanto, atacando sus causas desde todos los ángulos y en todos los ámbitos.

Entonces, armonizar las políticas públicas internas, con lo que pasa en el contexto regional (integración) y global (sistema multilateral), y ponerse de acuerdo con los demás cooperativamente para ello, parece lo más sensato, además de útil y conveniente. Y esa ha sido siempre la política de Chile, promover la cooperación para la paz y el desarrollo, fortaleciendo un sistema multilateral, que por lo demás, es lo que resguarda y da un espacio de mayor equidad a los países pequeños, intermedios o menos adelantados.

No creo necesario explayarme, por ejemplo, en todos los beneficios que ha obtenido y tiene nuestro país en cooperación internacional para el desarrollo, que hemos aprovechado intensivamente. Así como otros derivados de pertenecer al sistema multilateral de comercio (OMC), propiedad intelectual (OMPI), la OCDE, Conferencia de Desarme, salud (OMS, OPS), ciencia y tecnología, y productivos acuerdos comerciales que no serían posibles sin el contexto global en que estamos actuando.

En definitiva, si nos subimos a la contratendencia emergente, que significa volver a cerrarse, a regresar al proteccionismo comercial, a la simple confrontación de intereses, como si no existieran los problemas comunes, a paralizar y por tanto a revertir los avances en igualdad, desconocer que en la era digital, de la globalización de los mercados y los cambios de la IV Revolución industrial sólo construiremos un mundo mejor para todos mediante la cooperación internacional, estaremos haciendo un flaco favor a nuestros propios intereses.

Mejor es estar en los foros con los demás, discutir, buscar los consensos y la armonización de posiciones, y en ese contexto, decidir soberanamente nuestras políticas públicas. Por eso que adherir al Pacto sobre Migraciones, u otros acuerdos globales o regionales, va en la dirección correcta. Lejos de afectar nuestra soberanía, sino más bien la refuerza, porque lo que hagamos internamente, tendrá sintonía real con el contexto global en que vivimos, seguiremos contando con el pleno respeto de lacomunidad internacional y servirá a los intereses convergentes de todos.

Esta reflexión de fondo ha faltado en los últimos días. Una reflexión que ha estado presente históricamente en los ámbitos de decisión de nuestra sociedad y ha orientado nuestra política exterior, que vemos como se ha desdibujado por tergiversaciones, simplificaciones y anatemas en medio del debate sobre el Pacto migratorio de la ONU que íbamos a suscribir, y que finalmente dejamos de lado. Tal vez la reflexión de fondo sobre lo que significa nuestra pertenencia al sistema multinacional, deba ser renovada, impulsada por el propio gobierno, los partidos políticos, las universidades, ONGs y otras organizaciones de la sociedad civil. Necesitamos retomar con seriedad, debidamente informada la ciudadanía, los principios y bases de nuestra política exterior, que sea consecuente y consistente, sin vaivenes ni sometimiento a coyunturas distorsionantes.

La falta de esta consecuencia y consistencia, ha traído como consecuencia que estemos ausentes de un consenso internacional en el que se han comprometido incluso países que sí sufren una enorme e interminable inmigración -como Alemania o Francia, España- pero que entienden que a este fenómeno imparable hay que regularlo, ordenarlo y ponerlo en sintonía con una realidad demográfica, económica y de seguridad. Las migraciones son una realidad que se origina por expulsión o por atracción, o por ambas. Para eso, no basta con cerrar fronteras, que siempre son permeables, ni políticas represivas que abren espacios a la xenofobia, la aporofobia y el odio, sino cooperar con los países de origen, cooperar entre los países de destino, y además, aprovechar la utilidad que representa para el reforzamiento de las economías y los sistemas de seguridad social, el contar con población que supla el envejecimiento de las sociedades -fenómeno que ya vivimos incluso en Chile, Argentina o Uruguay, sin ir más lejos- y que a poco andar veremos amenazada la sustentabilidad de las pensiones y la protección social.



Héctor Casanueva

Vicepresidente del Foro Académico Permanente

Unión Europea-América Latina y el Caribe. Miembro del Consejo

Chileno de Prospectiva y Estrategia. Ex embajador ante la OMC