​COP24: Chile puede liderar descarbonización al 2030

|


Sara Larrain R

Las actividades humanas ya han causado un aumento de temperatura de la atmosfera de 1°C sobre los niveles de la época preindustrial, y si sobrepasamos los 1,5°C para el año 2100 tendremos que enfrentar impactos climáticos irreversibles y un aumento en la frecuencia e intensidad de eventos extremos que afectarán no sólo los ecosistemas, sino también nuestra seguridad y modos de vida.

Esta semana, en Polonia cerca de 300 mil personas, representando más de 190 países, están reunidas en la COP24 (Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático) para revisar las medidas que se han tomado para el cumplimiento del Acuerdo de París (2015). La reunión no será fácil, porque la comunidad científica ya advirtió que los compromisos de reducción de emisiones que presentaron los países no son suficientes para estabilizar la temperatura en + 1,5° o +2°C. Más aún, en la misma línea, el último informe del IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático), en octubre pasado, hace un llamado dramático a los gobiernos a acelerar y aumentar los esfuerzos de reducción de emisiones para mantenerse bajo el rango de +0,5°C en este siglo, lo cual requiere reducir en 45% las emisiones de gases de efecto invernadero en los próximos 10 años (2030) y llegar a ser “carbono neutral” en 2050, lo cual implica reducciones entre 75% y 90% de las emisiones totales actuales. Este es el desafío ético y político que están enfrentando los gobiernos en la COP24.

En el caso de Chile, el gobierno tiene una gran oportunidad de ampliar su compromiso presentando una meta ambiciosa de descarbonización que tal como señala el inventario de emisiones al año 2016, que presentará la Ministra Smith en Polonia. Dicho informe define al sector eléctrico como el responsable del 78% de las emisiones de gases de efecto invernadero, y dentro de éste la mayor parte corresponde a la generación eléctrica con 45,3% de las emisiones, seguida del sector transporte con 28,9%.

En este contexto, el plan de descarbonizacion de Chile debiera centrarse en limpiar la generación eléctrica, donde las termoeléctricas a carbón son las responsables de 91% de las emisiones de CO2 de todo el parque eléctrico nacional. El cierre o reconversión de las carboneras entre hoy y 2030 (un cuarto de las cuales son francamente obsoletas) permitiría a Chile cumplir con creces sus compromisos internacionales y destacarse como líder mundial en mitigación del cambio climático. Al mismo tiempo el gobierno cumpliría su compromiso ambiental local, contenido en los planes de descontaminación en las comunas saturadas de contaminantes (zonas de sacrificio) donde se localizan las carboneras. Descarbonizar es también descontaminar, por ello el presidente debería llamar a los cuatro dueños de las centrales carboneras a apurar el proceso con acciones para el fin del carbón antes de 2030.

El presidente Piñera tiene hoy la oportunidad de ganar ese liderazgo, pues Chile cuenta con el doble del parque generador (22.000 MW) de lo que requiere la demanda (poco más de 9.000 MW), además aliviaría el tremendo impacto que tienen los contaminantes locales sobre la población. Por ello, tanto la COP24 este año, como la próxima Contribución Nacional que Chile deberá presentar a la Convención de Cambio Climático en 2020, son grandes hitos donde nuestro país, y particularmente el presidente Piñera, pueden hacer historia.

Finalmente, el actual gobierno tiene una oportunidad adicional para lograr un liderazgo en descarbonización y descontaminación, poniendo urgencia y metas a la Ley de Eficiencia Energética, que actualmente tramita el Senado, y que de ser aprobada, podría contribuir a reducir al 2030 un 40% de las emisiones que hoy generan los grandes empresas intensivas en el consumo de energía. Descarbonización, descontaminación y eficiencia energética son prioridades de interés público a nivel global y local; el actual gobierno y las empresas pueden seguir la ruta de la miopía y la mezquindad, o ganar liderazgo y legitimidad.