​Señor Accionista: Los Activos de la Empresa no le pertenecen

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Harald Ruckle

Leyó bien, Usted no es dueño de los activos de su empresa, aunque tenga 100% de los acciones.

Suena provocativo, veamos un ejemplo. Antonio tiene un taller mecánico, especializado en la restauración de autos clásicos de sus clientes. Como el número (y la riqueza) de los entusiastas “de los fierros” ha estado creciendo, y los coches “vintage” son considerados una inversión con potencial plusvalía, la empresa ha tenido resultados ascendientes. Cuenta con máquinas sofisticadas para fabricar repuestos que ya no se pueden adquirir. Antonio tiene un hobby personal, adivinó bien, colecciona autos clásicos. Los compra en mal estado y los repara personalmente en su tiempo libre. Muy al pesar de su familia, está pasando muchos domingos en el taller utilizando el equipamiento de alto nivel tecnológico para tales labores.

¿Puede hacer eso? La respuesta simple es no. Pero como, “¡El boliche es mío!”, exclama Antonio. A no ser que el taller factura estos servicios domingueros a su “cliente Antonio”, su pasatiempo conduce a violar varios principios de la buena práctica financiera, tributaria y de gobierno corporativo. En el balance financiero, dentro de los activos fijos se encuentra la maquinaria avanzada y no se ha contabilizado el intenso uso durante los fines de semana. Es decir en el papel vale más que su valor real. Significa que el monto de los activos totales en el balance es exagerado, y como consecuencia muestra un patrimonio neto en los Estados Financieros mayor que el verdadero.

“Es problema mío” argumenta nuevamente Antonio, “soy el dueño del 100%, incluyendo los equipos”. No es tan así. El accionista es dueño de ciertos derechos, como recibir dividendos y nombrar la alta dirección, no es dueño de los activos, éstos pertenecen a la empresa. La importancia de tal distinción radica en el concepto de los stakeholders (grupos de interés y/o influencia), los actuales y los futuros. Con el fin de proteger la empresa, un buen gobierno corporativo debe tomar en cuenta a quienes son afectados por o pueden afectar el quehacer de la compañía. Imaginémonos que el taller pide un préstamo a un banco, o Antonio decide vender sus acciones. Ambas contrapartes tienen el derecho legítimo que los libros reflejan la verdad. El personal puede verse perjudicado cuando de repente hay que re-emplazar tempranamente a esta máquina sobre-utilizado, pudiendo quedar la caja sin saldo suficiente para pagar los sueldos. Y sin hablar de las autoridades tributarias que ven disminuida la recaudación de impuestos del IVA y a la renta, lo que puede poner en peligro la sobre-vivencia de la empresa.

En otras palabras, el dueño de la empresa puede ser acusado de robar a su empresa. ¿Muy teórico, exagerado y lejano a la realidad? Puede ser que todo vaya bien, hasta que no va bien. Un nuevo socio, un banco, el estado u otro stakeholder, incluso la empresa misma, pueden demandar a Antonio, lloviéndole sobre-mojado cuando todo iba tan bien.

Con accionistas múltiples este problema se agranda, a muy corto plazo. El uso personal e indebido de los activos y los recursos de la empresa por parte de un accionista suele ser una fuente frecuente de conflictos entre socios. Al existir un directorio, cada director debe velar por los derechos de todos los accionistas (y no solo por el quien lo eligió) y sobre todo por el interés societario, en otras palabras por el interés de la empresa. Los directores son agentes de la compañía, no son agentes de los accionistas.

Los empresarios y directores que asisten a mis clases de Empresas Familiares, Gobierno Corporativo y Estrategia, después de reclamarme por ser “demasiado preciso”, terminan entendiendo que lo que está en juego es el valor de la empresa. Cuanto más transparencia, probidad y accountability, menor el riesgo de los flujos futuros. Menor riesgo, mayor el valor de la compañía. A veces vale portarse bien.


Harald Ruckle

Chartered Director del Institute of Directors UK