​Migración extrema, una búsqueda de respuesta a la injusticia

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Leonardo Moreno

Cuando el 13 de octubre, un grupo de hondureños comenzó a caminar hacia el norte, escapando de una vida de inseguridad y pobreza, y a medida que esta verdadera caravana se iba haciendo más y más grande, el mundo entero, incluido nuestro país, se conmovió ante este inédito hecho. Los medios informaban a diario sobre esta forma extrema de migración (inédita, al menos por tierra) y todos se impactaban con las imágenes de niños y niñas caminando solos, cruzando ríos y enormes distancias. Solo amparados por el grupo humano que ahora les daba más seguridad que sus barrios y casas, y que constituye la prueba visible del nivel de desintegración social que sufren extensas zonas de las naciones centroamericanas involucradas, principalmente Honduras.

La información, como sucede con toda noticia, se fue desgastando y desapareciendo, sobre todo en los países más "alejados" de esta realidad, como el nuestro, pese a que estamos en el mismo continente. La agenda interna se complejizó y la discusión contingente sobre el respeto a los derechos humanos viró en Chile hacia la situación del pueblo mapuche.

Esta semana, no obstante, casi un mes y medio después, los medios informan que la caravana de migrantes se disuelve en Tijuana sin lograr su objetivo de llegar a la Meca del capitalismo y la libertad. No fue el enorme muro, ni las lacrimógenas, ni los arrestos, ni las amenazas del presidente norteamericano. La caravana fue abatida finalmente, por la lluvia y la precariedad del campamento en el que estaban más de 6 mil personas, lo que terminó con la esperanza de continuar en la "seguridad" de la masa humana. A partir de ahora, informan los medios, cada uno se las arregla como pueda para sobrevivir. Muchos pedirán asilo, pocos lo conseguirán y parece que menos aún serán capaces en este nuevo escenario de soledad, de lograr estabilidad y bienestar. La impotencia que el mundo no haya podido hacer algo más sustancial en el contexto de este fenómeno, nos hace solo abrigar esperanzas en que las organizaciones humanitarias puedan al menos, proteger a los niños y niñas, muchos de los cuales partieron solos o con sus hermanos, a esta triste aventura.

¿Cómo el sistema social y financiero, cómo el orden social va dejando a seres humanos fuera, cada vez más, producto de la falla generalizada de las instituciones, de la corrupción y de los grupos violentos que se toman el poder sin ninguna fuerza que los contrarreste?, ¿cómo no estábamos preparados para ver que esto iba a suceder?

Con todo, el “fin de la caravana” iba a suceder si o si, con muro o sin él. Porque de alguna forma el sueño colectivo llegaba hasta ahí, hasta poder cruzar o fracasar, y hasta entender que antes del muro y después del muro, el orden mundial imperante es el mismo, y exige que cada uno se salve por sí mismo.


Leonardo Moreno

Fundación para la Superación de la Pobreza