​Araucanía ¿el problema es sólo la pobreza?

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Leonardo Moreno

Desde que tenemos medición oficial de la pobreza, la región de la Araucanía ha destacado negativamente por estar en los primeros lugares. En lo que va de este milenio, persistentemente, su pobreza medida por ingresos ha sido siempre más alta que la pobreza total del país. En 2006 fue de 48,5% v/s 29,1% y en la última medición de 2017, fue de 17,2% v/s 8,6%. También en la medición de pobreza multidimensional hay marcadas diferencias entre la pobreza de la región (28.5%) comparada con la pobreza a nivel nacional (20,7%). Asimismo y en general, hay más pobreza en la población con pertenencia a pueblos indígenas (14,5%) que en la no indígena (8%). Sin embargo y como se ve, la pobreza tanto en el total de Chile como en la Araucanía, se ha reducido notable y constantemente.

¿Podemos entonces culpar solo a la situación de pobreza, de la grave desintegración social y económica, de amplias zonas de la región de la Araucanía? ¿Es la problemática mapuche de hoy, un problema solo de pobreza? Tal como el conflicto mismo, que hemos sido incapaces de abordar adecuadamente, la respuesta es compleja y la pobreza parece ser más una consecuencia que una causa de lo que sucede con nuestro principal pueblo originario. Grosso modo, los historiadores coinciden en que existió un "cierto" reconocimiento mutuo - entre el pueblo mapuche y no mapuche- al menos durante las últimas décadas del colonialismo español en el territorio. Todo indica que el maltrato sostenido y diverso, y la negación del reconocimiento por parte de la naciente nación llegó justamente con los primeros gobiernos de la República.

Hoy, muchos no entienden por qué la zona parece estar sobre intervenida, pero a la vez abandonada, por qué no se ha podido establecer un diálogo fecundo entre mapuches, chilenos y el Estado. Nadie puede explicar, ya no sin vergüenza, por qué los mapuche siguen siendo discriminados y estigmatizados. Adicionalmente todos hemos creído saber, en el pasado y en la actualidad, lo que necesitan. Esta mirada parcial, pero extendida, está a la base de la nueva agenda de desarrollo denominada Plan Araucanía. Con estos convencimientos, se producen los lamentables hechos que terminan con la muerte de Camilo Catrillanca.

Sin duda que nadie tiene la llave maestra para resolver un conflicto de tantas décadas. Sin embargo, y en la importancia de las formas, las que se diluyen con el fondo del problema, hay algo en la cultura mapuche que no hemos podido instalar: el diálogo. La figura de los llamados parlamentos (el de Quilín, el más importante de ellos) fue la única solución a la guerra de Arauco en el pasado remoto. Quizá la pregunta sea entonces sobre qué vamos a dialogar y en qué condiciones. El diálogo sin concesiones de ambas partes no es diálogo, tampoco lo es cuando una de las partes impone al otro todas sus condiciones. Comencemos por aceptar que hay temas que tarde o temprano habrá que poner encima de la mesa: la recuperación de tierras y autonomía jurisdiccional, el reconocimiento de la identidad cultural y beneficios económicos, la representación política, la aplicación completa del Convenio 169 de la OIT, entre otros.

Es un camino largo y difícil, pero hoy no queda otro. 


Leonardo Moreno

Fundación para la Superación de la Pobreza