​La Tristeza que Inunda a Chile

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Luis Riveros

Chile se ha visto inundado de tristeza durante los últimos días a raíz de los luctuosos hechos acaecidos en la Araucanía. En primer lugar, por la muerte de un joven mapuche en complejas circunstancias que están por aclararse. Siempre una muerte es de lamentar cuando ocurre producto del uso de la fuerza policial, máxime cuando se trata de un caso tan debatible respecto de la eventual culpabilidad del joven mapuche. En segundo lugar, porque Carabineros de Chile no ha estado a la altura de aquella institución que siempre nos llenó de orgullo. La manipulación de pruebas, la destrucción de evidencia, son formas repudiables de obstruir el cometido de la justicia. Más repudiable cuando ello viene de decisiones adoptadas por miembros de una fuerza de elite destinada a llevar paz a una Región remecida por la violencia, el abandono y el retraso. En tercer lugar, por la forma en como se ha tratado de sacar partido político a la lamentable situación creada, primeramente a partir de los grupos de izquierda que han tratado de reivindicar la muerte del joven mapuche en beneficio de su caudal ideológico. También de los grupos de derecha que, al igual que sus oponentes, sacaron rápidas conclusiones y a pocas horas de ocurrido los hechos, ya tenían dictámenes de inocencia o culpabilidad. Para unos el problema no iba más allá que exigir la renuncia de la autoridad política y la disolución de la unidad especializada conformada hace poco. Para otros, no debía impulsarse ningún cambio activo en función del grave problema. Hay que avanzar con sentido de país: es necesario desactivar el extremismo armado y todas sus posibles acciones. Hay que reforzar los programas que asisten a las comunidades mapuches para sacarlas de su condición de retraso y aflicción social y económica. Hay que reestructurar a Carabineros de Chile para que nunca más suceda un acto tan bochornoso como el observado. Hay que exigir a los políticos, especialmente a los Parlamentarios, que ejerzan su labor con altura de miras, para construir un encuentro nacional que, conservando las legítimas diferencias, pueda construir mayor tranquilidad al futuro nacional.


Luis A. Riveros

Universidad de Chile