​“Extranjero Vende”

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Hermogenes Perez de Arce

Hasta mediados del siglo pasado era llamativo que en las páginas de avisos del principal diario que estuvieran, en gran número, titulados “Extranjero Vende”. Ello llevaba a los analistas de la actualidad a reflexionar que la condición de “extranjero” confería en un status de mayor confiabilidad, pues siempre ha sido sabido que los chilenos confiamos poco en nuestros prójimos de igual nacionalidad.

Pero los economistas, como siempre, aportaron un nuevo ángulo: como hasta 1975 Chile fue una economía cerrada, “extranjero vende” implicaba la oferta de cosas fabricadas en otros países que acá estaba prohibido importar y que eran mejores. Por tanto, refrigeradores, lavadoras, ropa, automóviles, bicicletas y artefactos en venta por extranjeros se suponían mejores que los de manufactura local y atraían más a potenciales compradores.

Sea como fuere, la masiva llegada de extranjeros en los últimos años, en condición de inmigrantes o de argentinos en busca de oportunidades de compra, ha significado progresos en la conducta de los chilenos que cualquiera puede advertir. Desde luego, el saludo en los ascensores, costumbre por completo inexistente en Chile y que se ha generalizado en estos años. Los chilenos, que nunca saludábamos al entrar a un ascensor, ahora lo hacemos, aunque de mala gana, porque todos los visitantes lo hacen. Lo mismo al cruzarnos en calles poco transitadas, circunstancia en que los argentinos han impuesto el “buen día”.

En el trabajo hogareño, las peruanas introdujeron una cuota importante de buen hablar y cortesía, que se extrañaba en sus similares locales. Entre los tenistas era habitual la descripción de los jugadores que alcanzaban a todas las pelotas como “más contestador que una empleada”, frase espontánea que lo decía todo. Ahora las “nanas” extranjeras han consagrado nuevos cánones de respeto y cortesía.

Además, la masiva llegada de extranjeros nos ha servido para “creernos el cuento”: siempre hemos sido un pueblo descontentadizo y gruñón con lo que tenemos, pero resulta que la invasión de foráneos que encuentran bueno vivir acá nos está haciendo darnos cuenta de que el “modelo chileno” no era tan malo, al fin de cuentas, lo que debería hacernos más respetuosos con quienes en el pasado discurrieron ese modelo.

Hermógenes Pérez de Arce