​Un Daño Irreversible

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Luis Riveros

Diecisiete universidades experimentaron un déficit financiero en el año 2017: casi un tercio de las instituciones universitarias que funcionan en el país. El problema radica en el modo de financiar la gratuidad otorgada por el Estado chileno, obligando a las instituciones a financiar de sus propios ingresos un porcentaje no menor del subsidio otorgado. Así lo definió el legislador: el subsidio lo otorga el Estado, pero lo deben financiar entre 20% y 30% las propias universidades. Un déficit de esa naturaleza obliga a las instituciones a endeudarse para enfrentarlo, pero lleva a una espiral insostenible, que constituirá la fuente de una crisis profunda del sistema. Hay dos formas de evitar los efectos destructivos de las finanzas universitarias a largo plazo. Primero, no acogerse al sistema, lo cual está vedado como opción por las presiones que surgen al interior de los planteles. Por ejemplo, una universidad privada ha decidido, por su responsabilidad financiera, no incluirse en la “gratuidad” pero enfrenta severas protestas de las organizaciones estudiantiles. Segundo, está la opción de disminuir costos, lo cual lleva necesariamente a cursos más numerosos, académicos menos onerosos (y seguramente menos calificados), una disminuida investigación y recursos faltantes para otras actividades como tecnologías, relación con el medio e innovación. O sea, prevalecerá una disminución en calidad de la docencia, que será el precio a pagar necesariamente por el mayor acceso a los estudios superiores vía gratuidad. Nadie escuchó esto durante el período legislativo: las manos aprobatorias se alzaron disciplinadamente para aprobar algo que sonaba bien del punto de visto político; a nadie le importó nada aquello de la menor calidad del trabajo universitario. Ahora, ya con la leche derramada, parece no haber vuelta atrás, ni siquiera por la vía de reconsiderar el financiamiento diseñado tan displicentemente. Corregir este sistema no será fácil, y las universidades con problemas financieros crecerán en desmedro de los mismos estudiantes a quienes comprometemos gratuidad para su formación.


Luis A. Riveros

Universidad de Chile