​Una lectura equivocada de lo que está sucediendo en Latinoamérica: El fracaso de una forma de entender los derechos sociales

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Rodrigo Barcia OK

Las últimas elecciones en Latinoamérica han sido ganadas por sectores de centro derecha o de derecha extrema. El único país en que la izquierda ha obtenido una victoria electoral ha sido México. La lectura de estos resultados desde algunos sectores, tanto de izquierda como conservadores, ha sido que los avances en “los derechos sociales”, sobre todo en temas valóricos, ha generado una fuerte resistencia en sectores más conservadores de la sociedad. Lo cierto es que, aunque esa resistencia es real, no es para nada masificada. Es más, la mayoría de las reformas valóricas han tenido un fuerte sustento popular, lo que realmente esconden las elecciones son algo que a estas alturas es muy evidente: el fracaso de una forma de entender los derechos sociales.

Si la Ilustración levantó la falsa esperanza que solo la ley era capaz de desarrollar a los países, la modernidad o posmodernidad no lo ha hecho nada mal. El lema que se ha impuesto, a partir de la segunda guerra mundial, es que los derechos sociales son absolutos; pero esta forma de ver los derechos fundamentales ha fracasado. El entender los derechos sociales como absolutos conduce a la igualdad material. En Europa ello explica claramente la desarticulación del Estado de Bienestar y tal vez de la propia Unión Europea. En América Latina, ello se ha logrado por los grupos populista de izquierda a través de dos mecanismos. El primero es imponer su visión igualitaria a través de la ley. Así, en Chile para logar esa igualdad, en la educación superior, se ha afectado a más del 3% del crecimiento del país. Y los resultados serán malos (afectando fuertemente el crecimiento futuro, se generará más pobreza). El otro mecanismo consiste en que los derechos sociales serán provistos tanto por reglas, como principios, más que por leyes, directamente por tribunales. Esta forma “igualitaria” de ver la sociedad se entronca con una cierta emulación del Estado de Bienestar. Y esta forma de ver los derechos fundamentales es lo que realmente ha fracasado en Latinoamérica. Esta es una manera errada de ver los derechos fundamentales. Y, aunque por algunos se nos quiere hacer creer que esta es una fuente hegemónica de los derechos fundamentales, ello no es así. Los derechos fundamentales son distintos en los diferentes países de acuerdo a su grado evolutivo, como sociedad, cultura, pero sobre todo de acuerdo a su nivel económico. No son lo mismo los derechos fundamentales en países totalmente desarrollados, países con un desarrollo intermedio o países derechamente subdesarrollados. Por otra parte, una parte de la izquierda Latinoamérica sólo se ha ocupado de que el Estado, y especialmente el Poder Ejecutivo, ocupe todos los espacios. Y esto es lo que ha generado un descontento electoral que ha llevado a los ciudadanos, totalmente desesperados, voten por la alternativa que se les ofrece. La esperanza del desarrollo de los derechos fundamentales no puede ser a costa del mercado, porque cuando el mercado es reemplazado por el Estado, lo que nos queda al final del día es Cuba o Venezuela. La forma correcta del desarrollo de los derechos fundamentales es a través de la igualdad de oportunidades y el desarrollo del mercado y de los grupos intermedios. El Estado debe garantizar, focalizando, un nivel adecuado de derechos sociales dado su estado de desarrollo. Es más si comparamos lo ocurrido en Chile, en los gobiernos de la Concertación y del primer gobierno del Presidente Piñera –en que la estrategia país fue precisamente el desarrollo de los derechos fundamentales como igualdad de oportunidades-, con lo ocurrido con Argentina –país que históricamente tuvo un desarrollo muy superior al Chile- y que después del malogrado gobierno de Menem se guio por una concepción de derechos garantizados, a través de una intervención fuerte del Estado, a favor de la igualdad material, podemos ver claramente los resultados. Al 2016, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de Argentina, señaló que la pobreza afecta al 32,3% de la población, es decir a 8,7 millones de trasandinos; en cambio la chilena es de un 11,7% en 2015.

En resumidas cuentas, en lugar de elegir entre modelos que privilegian el crecimiento y los que optan por la distribución, lo óptimo es un modelo que privilegie crecimiento con igualdad de oportunidades (es decir, con impuestos focalizados, Estado Mínimo y una política eficiente de impuestos). A este respecto el Banco Mundial en el Informe: <<Argentina. A la búsqueda de un crecimiento sostenido con equidad social>>, señalaría que: “la variación de la pobreza está determinada, en gran medida, por el crecimiento económico y, en la gran mayoría de los casos, las variaciones de la desigualdad tienen una importancia secundaria. Argentina se diferencia de la generalidad de los países porque en algunos períodos el “efecto de la distribución” resulta ser más importante que el “efecto del crecimiento” para explicar las variaciones de la pobreza” 


(http://siteresources.worldbank.org/INTARGENTINAINSPANISH/Resources/ArgentinaAlabusquedadeuncrecimientosostenidoconequidadsocial.pdf, p. 24). 


Rodrigo Barcia Lehmann

Profesor Investigador

Facultad de Derecho

Universidad Finis Terrae