​Pobreza en la infancia: la mala salud

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Leonardo Moreno

Esta semana conocimos las cifras de la Encuesta Casen 2018 respecto a la situación de pobreza en la infancia. Esta medición confirma la realidad que se da en Chile hace décadas: la pobreza por ingresos es el doble en niños, niñas y adolescentes comparada con la población general (13,9% vs 7%). Además, al menos la mitad de los menores de edad se ubica en el 40% más pobre de la población. Ello tiene su explicación en las dependencias de los niños y niñas de sus padres y en el mayor tamaño de las familias de los segmentos más pobres.

En el caso de la pobreza multidimensional, ésta también es mayor en la población infantil (22,9% vs 20%). Más niños viven en casas con problemas de estructura, de hacinamiento, de habitabilidad, de seguridad, de servicios básicos y otros.

Además, en las nuevas cifras notamos un dato preocupante. En los primeros años de vida, los niños asisten con cierta regularidad a los controles de salud, pero a medida que crecen, asisten menos. Sólo el 10% de los niños y niñas entre siete y nueve años controla su salud. Por supuesto que esta actitud de los adultos responsables es complejo, porque influye directamente en el capital humano que puedan acumular los niños y niñas y pone en riesgo la pesquisa de situaciones que en el futuro pueden influir en la pobreza multidimensional. Un ejemplo claro de ello se puede encontrar en el caso de la nutrición y las enfermedades metabólicas. Efectivamente, tenemos altos porcentajes de obesidad infantil en sectores más vulnerables y es una situación que pone en riesgo la calidad de vida presente y futura de las personas.

La salud incide directamente en la pobreza multidimensional a partir de la decisión compartida como país, de medir el indicador de la mala nutrición. De acuerdo a ello, en los hogares donde hay niños, niñas y adolescentes, existe un 10,3% de "carencia" en el indicador de malnutrición en salud.

La realidad de la malnutrición responde a muchos factores y nos habla de varias pobrezas que sin duda se superponen. Las familias vulnerables han aumentado sus ingresos no incrementando necesariamente el consumo de alimentos más saludables. Por otro lado, hay nuevas pobrezas relacionadas con la tecnología, el aislamiento social, el cansancio, el sedentarismo y la pobreza del tiempo, que atentan directamente contra la alimentación saludable en contextos familiares adecuados para que esto tenga lugar.

El ámbito de la salud es apenas uno de los múltiples pilares de una vida buena que se construyen desde la niñez. La experiencia de la pobreza hace que esos pilares sean más débiles y es obligación de nuestra sociedad, dar oportunidades equivalentes a cada niño o niña para que pueda forjar su futuro y elegir la vida que quiere vivir.


Leonardo Moreno

Fundación para la Superación de la Pobreza