​Adivina quién viene a cenar

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Enrique Goldfarb 1SEMANA

La Comisión de Hacienda que estudia la modernización tributaria propuesta por el gobierno, invitó nada menos que al exministro Alberto Arenas y al ex SII Jorrat, autores y administradores de la peor iniciativa de la ex Nueva Mayoría (NM) y la que más daño ha causado a la inversión, el crecimiento y el empleo.

Con mayoría opositora y con fuerte presencia de la izquierda, el canto que ya la endilgó el segundo de los nombrados debe haber sonado como música a los oídos de esta ideologizada gente, que lo único que sabe hacer es pensar en la lucha de clases y que olvida por completo la necesidad de crecimiento del país, para satisfacer las urgentes necesidades sociales.

Dijo, en el fondo, que el proyecto, con la integración tributaria completa, era regresivo porque a diferencia de lo que dice el gobierno, dos personas que supuestamente ganan lo mismo, en realidad no ganan lo mismo. La muy interesada confusión de Jorrat, nace en el hecho que, para él, las rentas de la empresa y las rentas personales son cosas distintas, es decir que la propiedad de la empresa es una cosa etérea, y no con nombre y apellido. Entonces, por ejemplo, si Paulmann gana US $100 millones en el año por Cencosud y se reparte 100 millones, pero de pesos, entonces los US$ 27 millones que ya pagó en impuesto por la empresa no le sirven para descontar el impuesto de 35% de los 100 millones de pesos, a pesar de que los cien millones de dólares reinvertidos no le sirven a Paulmann para comprarse un yate.

Los empresarios son agentes de inversión y de desarrollo económico. Manejan empresas y los recursos reinvertidos no tienen nada que ver con los sueldos de la gente común y corriente. Por eso es absurdo cuando se dice cuánto tienen unos y cuánto tienen otros. Su nivel de vida no se va a ver afectado en lo más mínimo si les suben los impuestos a las empresas, pero si lo hará la inversión, la que caerá en la medida que más las hagan tributar. Y la Reforma Tributaria que “lideró” Alberto Arenas hace justamente eso.

Inicialmente fue peor, pues los autores, con el concepto de renta atribuida, se saltaron olímpicamente el proceso formal de reparto de dividendos. Ahí se suponían rentas por la mera participación en la propiedad de otras empresas, sin que las utilidades estuvieran realmente percibidas. Fue la “cocina” manejada por la DC lo que aterrizó una desintegración al 35%, como alternativa a la renta atribuida, y a la que finalmente adhirieron por obligación las empresas importantes, ya que pagar por renta atribuida era una opción simplemente descabellada.

En esta oportunidad, seguramente la izquierda insistirá en sus ponencias anti crecimiento, por lo que esperamos que, nuevamente, sea la DC la que dé los votos necesarios para aprobar la tan urgente modernización tributaria, que pretende deshacer el entuerto en que nos metieron, entre otros, los invitados de piedra de la ex NM.


Enrique Goldfarb