​Desarrollo Económico Basado en Recursos Naturales: Pragmáticos versus Ortodoxos

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Nicole Stuckrath

La economía chilena ha experimentado a lo largo de su historia económica una trayectoria de crecimiento que ha pasado por épocas de apogeo con tasas de dos dígitos, como en la década de los 90, pero también ha encontrado fuertes contrastes hacia marcadas desaceleraciones, como el escuálido crecimiento alcanzado al cierre del 2017. Este crecimiento ha venido alimentado principalmente por el modelo económico implementado basado en la explotación de recursos naturales y en una apertura económica apoyada en bases macroeconómicas sólidas. Los fundamentos que erigen a este modelo, por encima de otros, se sustentan sobre elementos bastante poco cuestionables como lo es la generosa riqueza natural del país y, cuya abundancia relativa, produce ventajas comparativas en la explotación de ciertos productos, como es el caso de los minerales, principalmente el cobre, la explotación acuícola, en la agricultura los vinos y la fruta, sin dejar olvidadas las bondades de una extensa tierra para desarrollar la explotación de bosques y productos derivados de ellos.


Las economías que crecen fundamentadas en la explotación de este tipo de recursos son países que aprovechan sus riquezas naturales ante la brecha de conocimiento específico y la falencia de mecanismos conductores que articulen el instalar avances concretos e innovación en los procesos de producción. El principal riesgo de este tipo de explotación es la desviación hacia comportamiento tipo rent seeking, el cual afecta la potencialidad de seguir explotando en el largo plazo, al desviar recursos productivos, con importantes costos alternativos, hacia este fin. La contribución de los RR.NN. al PIB se instala en un valor de alrededor del 2% dentro de un rango potencial de producción que oscila entre 2,5%- 2,7%.


Son economías generalmente con más mano de obra intensivas que demoran en inyectar flujos de capitales de valor agregado hacia los procesos productivos y, por lo tanto, crecen en la medida que los ciclos alcistas de economías compradoras de estos bienes demanden con fuerza, la oferta natural y bien explotada de dichos recursos. Claramente, este es uno de los aspectos más débiles que exhibe este tipo de modelo económico y, que deja, en evidencia, que para asegurar la viabilidad en velocidad y en capacidad de crecimiento se requiere de importantes y profundas inversiones en formación de capital humano, en la creación de institucionalidad que apoye y garantice el desarrollo de conocimiento, incentivos hacia la investigación y desarrollo, además de acompañar todo este proceso con una adecuada cadena de engranajes para consolidar el traspaso de conocimiento hacia los procesos productivos para concretar mayor valor agregado y poder alcanzar puntos más altos sobre el ciclo productivo.


Por otra parte, no podemos olvidar que en este tipo de modelo se extiende el riesgo de enfrentar apreciaciones de tipo real que producen importantes y devastadores efectos en la capacidad de crecimiento, todo lo cual ha quedado ampliamente revisado y evidenciado en la literatura a través de estudios empíricos.


La discusión de fondo ha estado presente por años en la dinámica de quienes postran su interés en el desarrollo económico y, la discusión instalada es si, efectivamente el país, podrá volver a alcanzar tasas de crecimiento previas a la crisis subprime, cuando las extracciones rentistas han desgastando la capacidad de explotación y eficiencia. Aquí entran en juego elementos técnicos en el análisis que argumentan un agotamiento natural de las fuentes de recursos, los cuales no se respetan en tiempos de fortaleza de los mercados, porque los precios más atractivos gatillan rentabilidades económicas y financieras que juegan a apurar e incrementar la extracción para aprovechar al máximo el beneficio económico de estos ciclos alcistas.


Aquí aparecen los argumentos ortodoxos basados en diferentes enfoques y modelos económicos bien estructurados que apuntan hacia la dirección desarrollar la economía bajo la lupa de la calidad de las políticas aplicadas con el foco puesto en fortalecer los fundamentos, para que estas permitan alcanzar resultados técnicamente sostenibles en el tiempo. Dichas políticas debieran articularse o planificarse con horizontes de tiempo diferentes a los períodos electorales.


En contraparte, los argumentos basados en pragmatismos menos procesados y enfocados en logros de corto plazo, y con otro nivel de impacto, pueden, efectivamente tener implicancias populares más tangibles por la masa votante.


Nadie posee la mejor respuesta al respecto pero en definitiva lo que es evidente es que Chile no podrá alcanzar tasas de crecimiento potencial promedio sobre el 5% o 6%, como en alguno de sus mejores momentos económico, solamente explotando recursos naturales sin evaluar como incorporar valor agregado. Esto se logra desarrollado y aplicando nuevas tecnologías o innovadoras técnicas acompañadas de mayor conocimiento, que permitan medir cambios concretos en productividad, eficiencia y competitividad basada en ventajas reales y sostenibles y no en abundancias relativas.


Nicole Stückrath

Directora Ingeniería Comercial

Universidad Gabriela Mistral