​¿De Qué Nos Sorprendemos?

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Luis Riveros

Nuestros niños y jóvenes reciben una escasa y deficiente formación ciudadana. Esto, por una serie de factores que confluyen en un amargo resultado: la conducta cívicamente inaceptable que se ha ido haciendo característica de las nuevas generaciones. Por un lado, se eliminó de los programas de estudio la “educación cívica”, que estaba destinada a introducir a niños y jóvenes en la vida en sociedad, conociendo sus reglas e imposiciones. Pero también se terminó con la idea de la formación ciudadana como un contenido transversal, esto es recorriendo todos los cursos, materias y profesores. Esta era la antigua idea “normalista”: los profesores enseñaban con su ejemplo y con el relato de sus conductas ante situaciones usuales en la vida diaria. Al mismo tiempo, se terminó con la formación de profesores de cívica en la educación pedagógica tradicional, legando un profundo vacío en medio de una empobrecida vocación pedagógica producto, en gran medida, de un sistema que considera a los profesores sólo como “empleados de la educación”. Con un pésimo ejemplo de las generaciones adultas, estas carencias se dan, además, en el contexto de lo que hoy día se valora como único resultado de la educación: puntajes en pruebas estandarizadas, especialmente en materias como ciencia, matemáticas y expresión idiomática. Es decir, el andamiaje del sistema educativo está diseñado para que las conductas cívicas no sean parte importante de la formación. Y por eso, en medio de la oleada ideológica a la que son tan proclives nuestros jóvenes, la agresión contra profesores y compañeros, que “estorban” en manifestaciones que sí se consideran importantes contra los ciudadanos y la policía, se dan conductas que aún muchos consideran no deben necesariamente castigarse.

Hace sólo pocos días se repuso frente al Museo de Bellas Artes la obra de Rebeca Matte recién restaurada después de sufrir un severo daño, Pasaron solamente pocas horas antes de que el monumento fuera vergonzosamente rayado por “vándalos”, que no deben ser sino fruto de la educación que les estamos proporcionando. ¡No hay nada de que sorprenderse!


Luis A. Riveros

Universidad de Chile