​Después de La Haya ¿Debe Chile Negociar un canje territorial con Bolivia?

|


FRANCISCO PINOCHET

Bueno ya sabemos que Chile no debe, no está obligado. No habían dudas sobre como fallaría la Corte de La Haya en el ámbito jurídico, ya que la pretensión de Bolivia era muy temeraria, intentando darle carácter vinculante a negociaciones fallidas entre las partes o a actos completamente unilaterales que nunca implicaron manifestación de voluntad por parte del Estado de Chile.

En cambio, sí existían aprehensiones sobre un mal entendido afán justiciero que pudiera manifestarse en el fallo, ante la costosa campaña internacional que montó Bolivia.

Despejada para siempre la pretensión de que Chile tuviese la “obligación de negociar con Bolivia con el fin de alcanzar un acuerdo que otorgue a este país una salida plenamente soberana al Océano Pacífico”, el mismo tiene ahora la opción para salir de la mediterraneidad que siempre ha tenido, pero que por razones de populismo de muchos de sus dirigentes, se niegan a ejercer: negociar una salida al Océano con enclave territorial con soberanía en el Pacífico, pero sin cortar el territorio chileno. Como dijo el Presidente Piñera, han perdido 5 años -en realidad mucho más tiempo- al no haber una propuesta de Bolivia que Chile pueda considerar que no lesione su soberanía nacional.

Insisto: Bolivia no necesita ninguna corte internacional para negociar con Chile y pedir un territorio marítimo e incluso con soberanía. Puede hacerlo cada vez que quiera. Pero siempre debe proceder con respeto, sin las descalificaciones permanentes del Presidente Evo Morales y sus ministros hacia nuestras autoridades.

En este sentido, las palabras del ex Presidente Lagos son muy inapropiadas: “Yo me olvidaría de seguir hablando de Bolivia… Chile tiene temas más importantes”. No podemos caer en la soberbia que han tenido varios dirigentes bolivianos.

Después del alto costo en sangre y vidas que tuvo para los chilenos la Guerra del Pacífico, que debieron enfrentar a dos países aliados, Perú y Bolivia, es imposible pensar en que se quiera ceder un terreno o extensión de mar gratuitamente. Nuestros hermanos bolivianos deben entender esto muy bien.

Deben entender también que si un político gobernante de nuestro país propusiera ceder gratuitamente una salida soberana al mar, esto no tendría ninguna aceptación por parte del pueblo chileno. No olvidemos que la extensión del territorio chileno en superficie es pequeña.

Además, en plena Guerra del Pacífico Chile debió firmar el Tratado de Límites de 1881 con Argentina, en el que debió renunciar a sus aspiraciones sobre la Patagonia Oriental, para no entrar en otro conflicto con el país transandino, el cual habría sido devastador al tener que enfrentar a tres países simultáneamente.

Es por esto que las fórmulas de canje territorial, como las del Acuerdo de Charaña, son las únicas que pueden prosperar. Eso sí, ya no resulta lógico que pase un corredor contiguo a Perú, porque éste país se opondrá. Tampoco puede pasar más abajo, porque no podemos partir a Chile en dos. Un enclave territorial con océano resulta factible de pensar a cambio de una porción de suelo boliviano que sea equivalente.

Hay que enfrentar el problema de la necesidad de mar de Bolivia, con criterios modernos. Cuando existen recursos escasos como lo son el territorio y mar de nuestro país, parece lógico pensar que la única solución es un proyecto económico que convenga a ambos países.

Por ejemplo, la creación de un corredor bioceánico que permite pasar desde el océano Pacífico al Atlántico por Chile a través de Bolivia y luego de Brasil, sería muy bien mirado por todos. Este corredor puede ser una red de autopistas o trenes, una red de canales secos que lleguen a competir en algún grado con el Canal de Panamá –cada buque de carga paga en promedio 600 mil dólares de peaje por pasar, más el costo del combustible necesario para llegar hasta los puertos de nuestros países o cercanos a estos. No estoy proponiendo esta idea en concreto, pero sí que se estudien otras similares. Que nuestros países se unan comercialmente y generen rutas de tráfico marítimo y terrestre entre ambos océanos.

Tiene que haber una evaluación económica y comercial para cualquier propuesta.

No olvidemos que hoy día Bolivia ejerce potestad aduanera y accede gratuitamente todas sus mercaderías a territorio chileno a través de los puertos de Arica y Antofagasta, de acuerdo a lo dispuesto en el Tratado de 1904.

Sus productos son importados o exportados a través de esos puertos, no hay cobro de canceles de ningún tipo.

Esto es algo que se omite deliberadamente por Evo Morales y demás políticos de Bolivia. Es más, afirman que Chile pone trabas administrativas en sus puertos. Pues bien, si Bolivia instala a futuro un puerto sería extraordinario ver cuál país logra hacer funcionar sus puertos de manera más eficiente. Los aspectos económicos a considerar son muy vastos y no alcanzan a ser abordados en esta columna.

En fin, Bolivia puede negociar cuando quiera territorio y mar. Solo debe hacerlo de manera ingeniosa.


(En homenaje a Oscar Pinochet de la Barra)



Francisco Pinochet Cantwell

Doctor en Derecho

Profesor Pontificia Universidad Católica de Chile