​El Marido Milenial de María Eugenia: La Confesión

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Harald Ruckle

Pedro Pablo se siente incomprendido por su señora María Eugenia.

Ella lo está denunciando como un “milenial viejo”. (http://www.estrategia.cl/texto-diario/mostrar/1181991/pesadilla-maria-eugenia-gig-economy ). Después de 30 años de matrimonio, esperaba un poco más de compasión por su condición de participante en la Gig Economy. Hasta vendió la flamante 4 por 4, y ahora le cuesta bajarse, por su problema en la espalda, del Mini “semi-nuevo”. Pedro Pablo, aunque ofendido, empatiza con la confusión de su esposa. Sus dos hijos parecen estar descartando carreras serias en empresas formales y se dedican a “pololos”, trabajos temporales de diversas índoles, generalmente carentes del prestigio que, según María Eugenia, se merecen sus hijitos. El eje del funcionamiento de la casa, la nana, está sustituyendo su patrona por múltiples clientes. En la empresa de María Eugenia están contratando “free-lancers” hasta para trabajos que antes eran ejecutados por empleados. Justo ayer fue un día especialmente doloroso ya que ella se enteró que su amiga del colegio, la Maite, toda la vida dueña de casa y sin estudios universitarios, se está haciendo la américa arrendando vajillería para eventos. Un mundo nuevo y algo loco.

Igual, opina Pedro Pablo, y volviendo a su masculinidad herida, es injusto que María Eugenia me juzgue tan duramente como milenial viejo. Es cierto que ahora, además de pasearse con sus amigos en moto, destina su tiempo a renovar departamentos antiguos, a asesorías y a otros proyectos de duración limitada. Admite que quizás haya enfatizado demasiado los beneficios (significativos sin duda) de su nuevo estilo de vida. Ahora, confesándose con su fuero interior, la tan apreciada libertad no fue creada tan voluntariamente.

Después de la reestructuración en la multinacional, hizo sus esfuerzos para volver a la vida corporativa. Participó en el programa de outplacement pagado por su ex-empleador. Los headhunters, después de mucha perseverancia y con la ayuda de pitutos, se juntaron con él. Hoy valora la honestidad de estos profesionales (la mayoría de su misma generación), aunque en su momento fue un balde de agua fría: “Por tu edad, me cuesta ponerte en la terna final, lo tendría que justificar demasiado”. Uno, el hermano de su mejor amigo, accedió incluirlo en un proceso de selección, aunque después nunca más contestó sus esperanzadas llamadas.

También siguió el ejercicio recomendado de contar de su “búsqueda de nuevas oportunidades” a su red de contactos, algo vergonzoso. Hay que llegar a hablar con 100 personas, fue el consejo desafiante. “A todos les pasará”, era su fuente de energía para levantar el teléfono, y su consuelo. Y efectivamente, casi todos los contactos lo recibieron con simpatía. No salió ningún empleo gerencial pero resultó útil: se generaron las ideas que se han convertido en sus actuales actividades y proyectos.

Me salió muy bien, reflexiona Pedro Pablo, pero era un proceso sacrificado y tuve suerte. Por lo mismo no está en nada de acuerdo con la locura que le está entrando recientemente a María Eugenia. ¡Está pensando en renunciar a su buen puesto, para ser profesora de tenis y vender jugos caseros! Como se le ocurre. ¡No, no, conviene tener un ingreso estable en la familia, hay que pagar la hipoteca y el colegio!

Pedro Pablo, re-encontrando su entusiasmo, no tiene tiempo para lamentos: Debe salir ya a Mendoza, hay junta regional de los Harleyistas. Lleva en su mochila, aparte del Ibuprofeno para la espalda, 20 pares de bujías (allí valen el triple) para venderlas. Además, uno de sus hermanos motoqueros argentinos busca un representante en Chile para una marca prometedora de Malbec. Habrá allá unos días para la cata entre machos.



Harald Ruckle

Chartered Director del Institute of Directors UK

​La Pesadilla de María Eugenia: Gig Economy