FMI: nivel de anclaje de expectativas inflacionarias en Chile es comparable al promedio de economías avanzadas

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El Fondo Monetario Internacional subrayó la relevancia de la credibilidad de la política monetaria, en particular, referidas al anclaje de expectativas inflacionarias.

En una nueva publicación en el blog institucional, Diálogo a Fondo, la entidad consigna que “desde mediados de la década de 2000, la inflación de las economías de mercados emergentes se ha mantenido notablemente baja y estable, en marcado contraste con la de 1990. Sin embargo, en los últimos meses, el aumento de las tasas de interés de economías avanzadas como Estados Unidos ha provocado depreciaciones de la moneda —bastante abruptas, en algunos casos— en diversas economías de mercados emergentes, que ven puesta a prueba su capacidad de conjurar las presiones inflacionarias.”

Según indica, en el capítulo 3 del informe Perspectivas de la economía mundial de octubre de 2018 “analizamos las mejorías recientes del desempeño de las economías emergentes frente a la inflación y demostramos que pueden mantenerse con un compromiso creíble del banco central con una inflación baja y si se mantienen bajo control las expectativas inflacionarias.”


Las expectativas son cruciales


El estudio examina 19 economías de mercados emergentes entre 2004 y 2018 y concluye que la inflación se mantuvo baja y estable a pesar de las fuertes fluctuaciones de los precios de las materias primas, los períodos de apreciación sostenida del dólar de EE.UU. y la crisis financiera mundial. Sin embargo, acota, esos resultados recientes en materia de inflación no son uniformes, ya que algunos países siguen luchando por mantener la inflación bajo control.

El principal motor de la inflación en las economías de mercados emergentes durante la última década y media son los cambios en las expectativas de inflación a más largo plazo. “Determinamos que esas expectativas fueron particularmente importantes como fuente de presión inflacionaria en los países cuya inflación se ha mantenido por encima de la meta. Otros determinantes de la inflación comúnmente analizados, como el exceso de capacidad de la actividad económica y las presiones externas sobre los precios, también son importantes, pero no tanto”, precisa el FMI.

“Motivado por estas observaciones, nuestro análisis explora la evolución del grado de anclaje de las expectativas inflacionarias en los mercados emergentes —un indicador representativo de la credibilidad de su política monetaria— a lo largo del tiempo y según el país. El concepto de anclaje de las expectativas se mide utilizando varios indicadores, como el impacto de los movimientos sorpresivos de la inflación en las expectativas y el grado de acuerdo entre los expertos sobre la inflación futura. Los datos muestran que las expectativas de inflación a más largo plazo se anclaron cada vez más en las economías emergentes en las dos últimas décadas. Al mismo tiempo, existen diferencias considerables entre economías emergentes y en relación con las economías avanzadas”, consigna.

De esta forma, señala que “el grado de anclaje de Chile y Polonia, por ejemplo, es comparable al promedio de las economías avanzadas, pero las expectativas están mucho menos ancladas en Rusia y Argentina”.


Resiliencia frente a shocks externos


De acuerdo al Fondo, los shocks externos que deprimen la actividad económica al tiempo que provocan aumentos transitorios de la inflación plantean un dilema para las autoridades de las economías emergentes. “Ahora bien, observamos que ese dilema es menos pronunciado cuando las expectativas inflacionarias están bien ancladas”, menciona.

Un buen ejemplo de ese tipo de shock es lo que ocurrió durante el estallido de volatilidad de mayo de 2013, cuando Estados Unidos anunció repentinamente que pensaba comenzar a aumentar las tasas de interés.

“Durante ese episodio, los países con expectativas de inflación más ancladas experimentaron mayores depreciaciones del tipo de cambio a corto plazo que aquellos con expectativas menos ancladas. Curiosamente, sin embargo, las depreciaciones más pronunciadas en el primer grupo no se tradujeron en una mayor inflación interna (importada). Dado que el impacto del tipo de cambio en la inflación fue sustancialmente mayor en los países con menos anclaje, que también enfrentaban peores perspectivas de producción, sus bancos centrales no pudieron permitirse distender la política monetaria”, constata.