​Sacrificio Socioambiental

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Leonardo Moreno

Los habitantes de diversas comunas de la región de Valparaíso han sido afectados las últimas décadas por desastres naturales de diferente tipo y gravedad, siniestros que han tenido impactos económicos, ambientales y particularmente, humanos. Efectivamente, las familias campesinas, los pescadores artesanales, quienes viven del turismo, los vecinos de las zonas de riesgo territorial y los habitantes de las "zonas de sacrificio" ambiental, son los más afectados por factores como el cambio climático y sus consiguientes sequías como las que afectan a la zona norte de la región (Petorca, la Ligua, Cabildo), por los aluviones, por incendios (2014-2015), y sobre todo, por la contaminación industrial. Ésta última responde a un proceso más lento en el tiempo, pero luego de que sus consecuencias de largo plazo se expresan en el territorio, éste y su población, adquieren características de una comunidad siniestrada. Lo mismo hemos detectado, por ejemplo, en la zona cordillerana del Biobío, producto de la industria forestal.

El año pasado publicamos una investigación denominada “Pobreza y desastres socioambientales en la región de Valparaíso” (Fusupo, 2017), donde expusimos la falta de información que existe y que imposibilita una adecuada gestión y participación de la comunidad, en una región que ha experimentado casi el 17% de los más de 10 mil desastres que han afectado a Chile desde los setenta. En el caso de la reciente intoxicación de origen industrial en Quintero y Puchuncaví, una vez más se instala la incertidumbre en la ciudadanía al no saber a ciencia cierta qué actividad, qué empresa, qué compuesto químico, de qué tipo es la emergencia, etc. En nuestro estudio y a partir del análisis de diversos desastres y sus efectos asociados, elaboramos un índice de vulnerabilidad que entre otros aspectos, muestra una región con territorios interiores pobres, con alta vulnerabilidad a la frecuencia y variedad de siniestros y con bajísimas capacidades locales para enfrentarlos.

Los desastres naturales son una de las formas más dramáticas en que Chile muestra su pobreza. Después de cada desastre, queda en evidencia la vulnerabilidad social, territorial y económica en la que vive la mayoría de nuestros compatriotas, y en particular quienes habitan territorios en peligro de sufrir desastres, como los cerros porteños, o zonas sacrificadas por la acción industrial y malas decisiones, como es el caso del complejo industrial Ventanas, emplazado en la zona litoral de Puchuncaví y Quintero.

Los desastres socioambientales golpean casi exclusivamente a las poblaciones que experimentan pobreza, primero porque su impacto material e inmaterial es mucho mayor y segundo, porque la capacidad de enfrentar el shock y sobreponerse es menor y más lenta. También sabemos que niños, niñas y adultos mayores suelen ser los grupos más perjudicados durante estos episodios, y que en nuestro país la gestión de los desastres sigue estando principalmente concentrada en la respuesta a la emergencia y no en la prevención y gestión de factores de riesgo. Durante años las comunidades han sido impotentes espectadores de la instalación de proyectos industriales que terminan modificando radicalmente sus entornos y su calidad de vida. Es innegable la importancia que representan los grandes proyectos de inversión en el desarrollo nacional, pero ello no puede ser realizado a costa de la salud y vida de muchos de nuestros compatriotas. Por ello requerimos urgentemente de una nueva institucionalidad que permita ex-ante, diálogos simétricos y con resultados entre todos los involucrados, evitando crear nuevas zonas de sacrificio.

Es en ese sentido, que hacemos un llamado al Ejecutivo y a los parlamentarios, para que en la discusión del proyecto de ley que modifica el SEIA que presentó recientemente el gobierno, avancemos hacia la creación de una nueva institucionalidad de diálogo temprano como el propuesto por el grupo IDT.


Leonardo Moreno

Fundación para la Superación de la Pobreza