​Trampa en el Solitario

|


Hermogenes Perez de Arce


Nadie hace trampas jugando un solitario porque es sabidamente una conducta muy tonta. Pero en política sí las hacemos, porque existe consenso en que no es una actividad muy inteligente.

La mayoría de los políticos de todos los sectores saben que no es conveniente para los más pobres subir el salario mínimo legal obligatorio. Pero también saben que aumentarlo más es “popular”. Por eso los de gobierno no quieren que el tema esté presente cerca de las próximas elecciones y los de oposición sí. A eso se reducen el veto y el debate de estos días. Finalmente se han puesto de acuerdo en que el reajuste se haga dos meses antes de las elecciones del próximo año.

Pero, sin decirlo, están de acuerdo en que subir el salario mínimo no es bueno, tanto que, calladamente y durante muchos años, han coincidido en una cosa, no muy voceada: en establecer un salario mínimo obligatorio más bajo para los muy jóvenes o muy viejos. Confesión palmaria de que uno más alto genera más desempleo y pobreza entre ellos.

La verdad es ésta: cuando sube el salario mínimo por ley, se generan menos empleos en el mercado formal, que es el que se rige por las leyes y donde el costo de contratar sigue la ley de la oferta y la demanda: si sube el precio, disminuye la cantidad de trabajadores contratados. Entonces, menos personas son empleadas y aumenta el número de las que buscan ocuparse en el mercado informal, no regido por la ley: cuidadores de autos, limpia vidrios, malabaristas en las esquinas. Estos son los más pobres de todos porque no han logrado ocuparse en los términos exigidos por las leyes. Es decir, al subir por ley el salario mínimo se está bajando automáticamente el ingreso de los más pobres de todos, que son los del mercado informal, porque se genera allí más “oferta de brazos” y por tanto el precio que cada uno puede cobrar por lo que hace disminuye. Cuando hay más limpia vidrios, cada uno gana menos.

Pero, al mismo tiempo, el salario mínimo obligatorio es “popular”. La mayoría hace trampa en el solitario y cree que subiéndolo se favorece a los más pobres. El gobierno y la oposición lo saben pero “hacen como si” no lo supieran, para no perder votos.

Tal vez por eso Churchill decía: “la democracia es el peor de los sistemas, si se exceptúan todos los demás”.