​Otra Crisis Cambiaria en Argentina

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Miguel Brunaud slider

Para entender la actual crisis cambiaria de Argentina, importa recordar que cada cierto tiempo se han dado este tipo de eventos, como el del año 1975 conocido como el “Rodrigazo”, el de 2001 y 2002 conocido como el “Corralito”, y el actual que lo denominamos el “Caputazo” en honor a Luis Caputo quien es el actual presidente del Banco Central de dicho país.

Sin lugar a dudas que es la peor crisis desde el término de la convertibilidad, que se ha traducido en pérdidas de reservas en tiempo récord, devaluación del peso respecto a un dólar imparable, inversores que se desprendieron de títulos locales para refugiarse en el dólar a raíz de la reciente entrada en vigencia de un impuesto que grava esas colocaciones, a lo que se sumó el creciente nerviosismo entre los argentinos proclives a ahorrar en esa divisa para protegerse de los vaivenes de la economía.

Importa verificar si se repiten los factores que motivaron las crisis anteriores, o concluir que la actual tiene otros componentes. Por de pronto, podemos señalar con precisión que dentro de los factores endógenos que gatillaron esta corrida cambiaria, encontramos la forma en que el gobierno cambió la meta de la inflación, mellando la percepción de autonomía del Banco Central y la posterior acción que terminó en la renuncia de Federico Sturzenegger como presidente y la asunción de Luis Caputo en su reemplazo.

Dentro de los factores externos, sin menospreciar los errores internos del gobierno, el de mayor relevancia lo encontramos en lo que está sucediendo en Estados Unidos con la subida de las tasas del Bono del Tesoro desde 2,4% a inicios de año a 3% en la actualidad, lo que generó la fuga de capitales desde el territorio argentino.

Ante el fracaso de las medidas adoptadas por la Casa Rosada, y tras elevar las tasas de interés en casi 1.300 puntos base y reducir la meta de déficit fiscal en medio punto, el gobierno decidió el martes recurrir al Fondo Monetario Internacional a través de un adelanto de un préstamo asistencial hasta por US$50.000 millones, que busca apuntalar las reservas, apaciguar las presiones sobre la moneda, asegurar recursos para el pago de deuda hasta fines de 2019 y restablecer la confianza internacional en el país.

El prestigioso The Economist ha afirmado que la corrida cambiaria que sufrió la Argentina en los últimos meses está lejos de terminar. El semanario británico analiza que por los déficits fiscal y de cuenta corriente, el peso perdió más de un tercio de su valor en lo que va de 2018, siendo la moneda con el peor rendimiento del mundo. Además, prevé que una recesión "parece inevitable".

Imperioso resulta entonces para el gobierno de Macri recortar el déficit presupuestario, que alcanzó el 3,9% en 2017, al 1,3% del PIB el año próximo y a cero en 2020, debiendo generar ahorros que debieran provenir de posponer proyectos de infraestructura, recortar subsidios y transferencias a las provincias y reducir la nómina de pagos federal. Habrá que esperar si la reducción de ministerios de 23 a 13, el reestablecimiento de las retenciones agropecuarias y lograr el equilibro fiscal para el 2020, sean las medidas correctas para superar la crisis.

Hasta el momento podemos observar que no ha servido el aumento por parte del Banco Central argentino de la tasa de interés hasta el 60%, consideremos que en Chile es de 2,5%; ni el adelanto del préstamo del FMI por US$50.000 millones, subastas diarias de divisas, etc., lo que no hace sino concluir, que la desconfianza del mercado internacional es superior a la buenas intenciones del gobierno de Macri.


Miguel Brunaud Ramos

Profesor de Derecho Económico de la Universidad de Chile