​Crecimiento, enemigo de la izquierda

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Enrique Goldfarb 1SEMANA

La reciente encuesta Casen vino a poner de relieve, una vez más, el daño que le producen al crecimiento las políticas de la izquierda. Y no tan sólo al crecimiento, sino también a su escudo de armas: la igualdad.

Medido por los números, el gobierno de Bachelet II produjo el más bajo crecimiento en un período presidencial desde 1990 y quizá en toda la historia post Gran Depresión. Revelando no saber ubicarse, tildó a la economía del actual gobierno de “debilucha”. Como la izquierda está enfocada meramente en el tema de la igualdad, y cómo revertirla, y como no se le ocurre nada más que para ello aplicar impuestos a las empresas, no es de extrañar que esas políticas atenten contra la inversión, el crecimiento, y como veremos más adelante, contra los ingresos del trabajo de los más vulnerables.

Breve historia económica y social

A saber, Aylwin 7,3%, Frei 5,2%, Lagos 4,7%, 1er gobierno de Bachelet 3,3%, Piñera 5,3% y segundo mandato de Bachelet 1,8%. En tanto el primer semestre de 2018 el PIB va en 4,8%.

Como estaremos de acuerdo que el segundo gobierno de Bachelet fue mucho más de izquierda que el primero, en donde se podía hablar de Concertación, entonces las últimas políticas de Bachelet y las de la izquierda resultan ser sinónimos. Así que sus políticas no sólo repercutieron en el crecimiento sino también, en forma negativa, en la igualdad. En 2017, los ingresos del trabajo del 20% más rico, superó a los del 20% más pobre en 13,6 veces, versus las 11,9 veces de 2015. En 2017, los ingresos del trabajo del 10% más rico superó el de los más pobres en 39,1 veces, versus las 33,9 veces de 2015.

Dicen las ex autoridades de Bachelet, que es muy pronto para medir los efectos, y que estos se debieran ver en algunos años más. Creo que tienen toda la razón, ya que la tendencia a futuro de su gobierno debiera dar todavía peores resultados, ya que su gobierno endeudó al país al doble en cuatro años, lo que le valió perjudicar las puertas del financiamiento externo. Además, la inversión venía cayendo en picada y se preparaba la reforma constitucional para coartar todavía más las libertades económicas que lo que hicieron durante su gobierno. ¿Qué cabía esperar del crecimiento económico entonces, del cual dependen los ingresos del trabajo, que es de lo que estamos hablando?

Las bondades del crecimiento

El ideólogo de Bachelet II, Pedro Güell, decía en reciente entrevista, que era necesario reponer en la agenda de la izquierda, la necesidad del crecimiento. Pero no de “cualquier” crecimiento. La verdad es que este sociólogo podría dedicar una vida inmortal a pensar en otro crecimiento distinto al que tenemos, y no encontrará alternativa. Como ya admitió que lo de Bachelet no era crecimiento, lo cierto es que no hay ninguno distinto a cuidar el funcionamiento del mercado y tener un grado razonable de solidaridad social. Y la virtud del crecimiento, el PIB, es que de ahí salen los recursos para lo segundo. Cuba se estancó porque eliminaron a los ricos después de sacarles todo lo que tenían, y su madrina, la Rusia Comunista, quebró y desapareció, y con ello, su fuente asistencial, sin dejar como herencia focos de crecimiento que necesariamente descansan en la actividad privada . En Venezuela, no sólo barrieron con los ricos, sino que tuvo que enfrentar un precio del petróleo en decadencia, producto del exceso de oferta y del exceso de gasto estatal en favor de las masas, como habían venido haciendo hasta que el petróleo colapsó, sin dar respiro a la actividad productiva y a la propiedad privada de las mismas. Resultado: cuatro millones de refugiados. Y siguen.

Resumen y conclusiones

En tanto la izquierda no acepte las bondades del mercado, como lo hizo la China comunista, que en medio siglo se transformó desde ser una de las naciones más pobres en una super potencia mundial- que, dicho sea de paso- de la que dependemos fuertemente, votar por la izquierda será votar por el estancamiento y la desigualdad, hasta que llegue la dictadura del proletariado, oportunidad en la que todos seremos iguales...de pobres.


Enrique Goldfarb

Economista