​Una lágrima de Bolívar

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Luis Riveros

Entre el 2014 y el 2017 Venezuela ha acumulado casi un 40% de caída del producto interno bruto; este año se espera que decaiga otro 12%. La profunda caída del ingreso por habitante ha sido levemente atenuada por las masivas emigraciones de población venezolana hacia el resto del mundo, especialmente los países circundantes. Pero el panorama es aún más sombrío: la inversión ha disminuido en ese período en más de 80% y este año se estima que descenderá en otro 17%. La inflación es algo a nivel de texto, cuando la hiperinflación se asociaba solamente a las experiencias de la Segunda Guerra o de Latinoamérica en los 70s; Venezuela lleva un acumulado de inflación en 2014 - 2017 de un 3.000% y este año se estima que será 230.000% (¡!). En medio de este caótico panorama los salarios nominales crecerán este año un 107%, lo que marca una nueva drástica caída en el salario real o poder adquisitivo. Escasez de bienes básicos y problemas sanitarios marcan una crisis humana que es desatendida. El panorama no puede ser más dramático, por el sufrimiento que a diario sobrelleva la población. Las medidas del gobierno son simplemente cosméticas y reflejan el pésimo diagnóstico que prevalece: se cambia la nominación monetaria, se asocia el valor de la moneda local, que se deprecia en forma acelerada, a una nueva cripto moneda que se asocia a las reservas de petróleo. Junto con esto, se incrementa el IVA, se reajusta el salario mínimo (muy por debajo de la inflación esperada) y se persiste en un alto incremento del gasto público financiado con emisión. Y el Presidente ofrece a la población comprar “lingoticos” de oro, puesto que cree que la población gasta en exceso. No se ve salida posible y el sufrimiento del pueblo venezolano continuará sin una estimación de la verdadera profundidad que conlleva la presente crisis en el terreno humano. Bolívar, el gran prócer latinoamericano, discípulo de Miranda y de sus ideales igualitarios y libertarios, no soportaría esta diaria y brutal transgresión de los derechos del pueblo. Seguramente una lágrima podría simbolizar el sufrimiento de su noble corazón de patriota.


Luis A. Riveros

Universidad de Chile