​El impuesto digital y el futuro de la estructura tributaria

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Alfredo Barriga

Ponerle un impuesto a las actividades lucrativas que se llevan a cabo por empresas no radicadas en Chile a través de plataformas digitales suena desde todo punto de vista como algo razonable. El 10% anunciado para servicios en la red es desde luego un avance respecto de lo único que hasta ahora existía - el 35% en el caso de AdWords.

En el corto plazo, lo que se ha hecho está bien. Pero...

La economía digital está evolucionando hacia nuevos paradigmas que harán que los impuestos introducidos ahora a esta economía pasen a ser irrelevantes. Lo que acabamos de ver es apenas la punta del iceberg que va a emerger, enorme, en cualquier momento.

En la medida en que la economía digital se desarrolle y pase a ser un porcentaje mayor de la economía total, los contornos geográficos se diluirán, y nuevos modelos de negocios harán cada vez más complicado cobrar tributos por utilidades (primera categoría). El camino más sencillo y directo será el de impuestos indirectos sobre el consumo, en el país de consumo.

Actualmente, el stock de utilidades no repatriadas por empresas de tecnología en Estados Unidos alcanza los 2,1 billones de dólares (Fuente: Bloomberg), es decir, un 50% del PIB de América Latina. Dichas empresas están moviendo utilidades hacia otros países con menor tasa (en EEUU es del 35%). Uber está en Holanda. Apple mueve sus ganancias a Irlanda. ¿Por qué Chile no puede entrar en estas lides? De esa forma, atrae empresas tech de primera línea al país a la vez que genera más ingresos fiscales.

Pero la economía digital trae otro efecto colateral para el actual modelo tributario en el mundo. La transformación digital hace que la base imponible sobre la cual se recaudaba por la venta de determinados productos se reduzca radicalmente o desaparezca, porque esos productos pasan de formato físico a formato digital a una fracción del precio anterior - o incluso gratis. Un ejemplo sencillo para graficarlo: en un smartphone hoy hay un celular, una cámara de fotos, una máquina de videos, un GPS, un personal stereo, un reloj, una alarma, una linterna, libros, películas, TV, etc. Antes de que se inventara el iPhone, todo eso había que comprarlo en una tienda y pagar IVA por ello. Las empresas que los vendían ganaban dinero y tributaban por utilidades. Esa "base imponible" desapareció. Cada vez que un usuario prefiere una app al producto físico, desaparece una base imponible que antes estaba allí y ahora se evapora, se digitiza. Y los servicios que antes se hacían sobre esos productos físicos también se digitizan y reducen sus costos radicalmente, con lo cual reducen sus precios y con ello, las bases imponibles.

Para mantener las bases imponibles y con ellas, la recaudación, los Gobiernos deberán ayudar a que rápidamente una gran parte de la población que antes no tenía acceso a bienes y servicios, los tenga en su formato digital. Y no está para nada claro si lo uno compensará a lo otro. Al fin y al cabo, de lo que se trata esta revolución 4.0 es de una caída sustancial de costos y precios, y un aumento sustancial de la productividad. Todo el mundo haciendo muchísimo más, con muchísimo menos dinero. Dinero que es sobre el que se sustenta todo el sistema tributario.


Esto no ha hecho más que comenzar, y los desafíos que vienen por delante son fenomenales.


Alfredo Barriga Cifuentes

Consultor en Transformación Digital e Innovación

Profesor UDP

Ex Secretario Ejecutivo de Desarrollo Digital

Autor "Futuro Presente: cómo la nueva revolución digital afectará mi vida"