​En defensa de un mirista

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Enrique Goldfarb 1SEMANA

El exministro Rojas debe ser el único mirista, aparte de Pepe Mujica, con quien estoy totalmente de acuerdo. Después de seguir un derrotero, anárquico, terrorista y en consecuencia un destino potencial o realmente asesino, ha devenido en un demócrata ejemplar, culto y con una experiencia valiosísima que los chilenos necesitábamos cada vez más en la medida que el tiempo hace olvidar los aciagos días de la Unidad Popular.

La frase, para mi afortunada, pero que le costó la salida por la fragilidad ante la posverdad que presentamos todos en los tiempos actuales, fue como sigue: “Más que un museo (…) se trata de un montaje cuyo propósito, que sin duda logra, es impactar al espectador, dejarlo atónito, impedirle razonar (…) Es un uso desvergonzado y mentiroso de una tragedia nacional que a tantos nos tocó tan dura y directamente”.

En efecto, las víctimas, y eso lo sabe bien Mauricio Rojas, que convivió con estos especímenes, se presentan como ciudadanos ejemplares que fueron asaltados por las fuerzas represivas, torturados y/o muertos sin ninguna razón que lo justificara.

No es que Rojas esté justificando la represión. Lo dice claramente: “fue una tragedia nacional que a tantos nos tocó tan dura y directamente”. Así que, por el contrario, lamenta las circunstancias que llevaron los hechos como se llevaron.

La otra cara de la medalla

Pero ciertamente, había otra cara de la medalla Y esta es simplemente, que la izquierda quería hacer lo mismo que le hicieron a ella. Chile estaba lleno de cubanos y locales decididos a llevar al país hacia una Cuba. Lo dijo Nicanor Parra, de quien nadie puede decir que es de derecha o golpista “que si no fuera por Pinochet, seríamos otra Cuba”. Maduro en Venezuela, un régimen que ha producido millones de exiliados, y los que quedan adentro se mueren de hambre o de enfermedades, todavía ni se parece al Chile con las fábricas tomadas por los esbirros de Allende, los campos intervenidos o confiscados, la gente de Allende caminando por las calles con ametralladoras debajo de las chaquetas o mantas, con los comunistas de la Unión Soviética monitoreando la revolución en marcha, el plan Z para eliminar los opositores con cierta influencia, al igual que las purgas de Stalin, etc.

Falta un mea culpa

Hasta ahora no se ha sabido de ningún mea culpa de la izquierda por desencadenar los hechos que todos lamentamos. Su dedo acusador jamás se ha vuelto hacia si misma. Pero lo cierto es que si no hubieran hecho lo que hicieron e intentaban hacer: “los momios al paredón y las momias al colchón”, jamás habría habido golpe, ni violaciones a los DDHH de los insurgentes. Y si mostrara comprensión por los hechos, existiría en el país un clima de entendimiento y cooperación que nos haría un país envidiable. Pero la izquierda siempre da la impresión que está afilando las hachitas para terminar su tarea inconclusa, la de 1973, porque dicho sea de paso, la reforma constitucional de Bachelet, cuya admiración por Fidel Castro es elocuente, no perseguía otra cosa que seguir avanzando hacia la dictadura del proletariado.

El otro museo

Rojas dice que, si se quiere tener un museo de la memoria de esta categoría, debería hacerse otro museo de la memoria, uno que mostrara el otro lado de la medalla y que es el que estoy relatando sucintamente aquí. Pieza obligada de ese otro museo, sería el libro “Diálogo de Conversos”, donde Rojas y el actual canciller relatan las espeluznantes maniobras de la izquierda para subvertir el orden y llevar al país a la dictadura del proletariado.

Gracias ministro Rojas. En 90 horas, quizá hiciste más que muchos ministros de la cultura, al poner de relieve este intento de ver la historia con un solo ojo.


Enrique Goldfarb

Economista