​¿Economía Debilucha ?¿Es Culpa de las Expectativas ?

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Nicole Stuckrath

Llevamos algunas semanas escuchando a diferentes actores referirse con un acento crítico respecto del desempeño económico local dónde, en la práctica, se percibe una brecha entre los datos y guarismos calculados, los cuales registran mejoras contundentes respecto de similares períodos en años previos, pero que, la ciudadanía parece no percibir aún. Esto se plasma en que no ha sido posible visualizar las bondades de estas cifras en forma concreta.

Lo cierto es que los datos de Imacec de los pasados dos meses han revelado incrementos en la medición de producción en un 4,9%, siendo este resultado construido por argumentos explicativos que no vienen reflejados sólo por minería sino que en esta oportunidad también por otros sectores, los que estarían comenzando a reactivar su actividad tras acumular holguras productivas luego de años de desaceleración en la actividad.

Las encuestas de expectativas económicas, por su parte, apuntan a un cierre de año con un incremento del PIB que alcanzaría un incremento de 4% y, donde, prácticamente, todos quienes proyectan y revisan estos resultados están convergiendo en un desempeño en esa línea.

Apuntando a lo estrictamente medible en términos económicos, la primera resistencia contextualizada en este escenario se materializa en datos de empleo. Es de amplio conocimiento que en invierno, la estacionalidad juega un rol relevante, haciendo que esta tasa se eleve. Sin embargo, en este trimestre la cifra de desempleo superó los resultados de años cercanos e instaló la medición de la desocupación en un 7,2%. Y aunque hace un tiempo vienen surgiendo cuestionamientos respecto a la metodología aplicada, se observan algunos ajustes en la tendencia asociados a aumentos en los trabajadores asalariados y una menor incidencia de los trabajadores del sector público, lo que se enmarca en una encuesta donde se deteriora la tasa de ocupación de las mujeres y aumenta la fuerza de trabajo más rápido que la creación de empleos.

La segunda prueba de resistencia la muestra la Inversión en sus distintos componentes, ya que tampoco ha sido posible identificar un cambio relevante en la tendencia de la formación bruta de capital, tan castigada en pasados años alcanzando al cierre de 2017 un 22,1% como contribución del PIB y que recién comienza revelar pequeños amentos en su medición.

La última encuesta de percepción económica ratifica este sentimiento. Los empresarios de diversos sectores, a lo largo de todo el país, visualizan algunos cambios en el comportamiento económico y cierta reactivación de los negocios pero, estos, están siendo absorbidos por capacidad instalada disponible y no explicados por nuevas instancias de inversión que permitirían blindar a los fundamentos para asegurar un senda de expansión de mayor magnitud.

Consecuencia de lo anterior, el gobierno comienza a mostrar mayores cifras de desaprobación, cumpliendo 5 meses y fracción en el poder, las que se atribuyen, entre otras explicaciones, a esta percepción de menor arranque en la fuerza que debiera estar teniendo la economía. Esto se basa en las expectativas de la población sobre un gobierno que tiene una elevada asociación a la conducción económica, ubicando en una posición relevante el impulso sobre la actividad y crecimiento.

Esta percepción se ve materializada en un ministro de hacienda realizando un rol muy intenso en el frente comunicacional validando y entregando mayor peso a los resultados y decisiones asociadas a las finanzas y actividad económica para balancear las expectativas.

La teoría, validada con estudios empíricos, ha demostrado en variadas oportunidades que las expectativas juegan un rol relevante en la conducción y resultado de la actividad económica, puesto que alinean o dirigen el comportamiento de las decisiones de diversos actores de manera que, estos, usando información relevante, de valor y en forma racional, ajustan sus decisiones para disminuir o enfrentar menor nivel de incertidumbre y varianza en los resultados. Se produce una especie de profecía autocumplida al dirigir los esfuerzos hacia un resultado esperado. Y todo indica que las expectativas apuntan a un buen desempeño para el cierre de este año. Lo relevante es construir un entorno doméstico que asiente las bases para asegurar crecimiento futuro donde las expectativas establezcan un curso de acción que reduzca el riesgo y fundamente las condiciones para potenciar el crecimiento, el cual necesitamos, evitar caer en una dirección de profecía autocumplida que puede tener efectos políticos relevantes en un futuro próximo.


Nicole Stuckrath

Docente Universidad Gabriela Mistral

Coordinadora de Macroeconomía