​La película que todo padre debería ver con su hijo

|


Wonder

Esto no es una crítica de cine, esto es un intento por demostrar que de una película podemos aprender todos, que hay cine que debería ser obligatorio en casa, en las escuelas y en los trabajos, y que Wonder es una de esas películas que todos deberíamos guardar a buen recaudo. Se estrenó hace meses, pero ha sido gracias a las vacaciones cuando he tenido tiempo de sentarme con mis hijos y poder verla. Llevaba tiempo queriéndola ver, pero el estrés diario y el 'dejo las cosas más importantes para después' me lo habían impedido. Ojalá la hubiéramos visto antes, ojalá la hubiéramos visto cien veces. No voy a destripar nada de la película. Esto es para que os sentéis, la veáis y la descubráis con vuestros hijos, pero sí diré que es una de las películas más necesarias para nosotros como padres y para los niños como hijos. Es una lección, perdón, muchas lecciones de vida. De educación, de valores, de amistad, de amor, de frustraciones, de lo bueno, de lo malo, de lo peor, pero sobre todo de superación. ¿Nunca os ha pasado que cuando veis una película hay algo que cambia en vuestras vidas? A mí me ha pasado en contadas ocasiones, pero cuando lo ha hecho ha sido para siempre. Y viendo Wonder, protagonizada por Julia Roberts, me ha vuelto a pasar.Lo mejor es que me pasó a mí y les pasó a mis hijos, especialmente, a mi hija de 7 años. Está en esa edad en que empieza a ser una niña con aspiraciones de adolescentes, en que el que dirán y el cómo la verán empiezan a formar parte de su día a día, en que la crueldad está floreciendo en ella y en los que la rodean, en que los padres empezamos a tener miedo de mucho más que una herida o una comida sin probar bocado. Tiene esa edad en la que para ella todo es un mundo, en la que no sabe relativizar, en la que todo lo que le ocurre es un drama y yo, reconozco, no sé hacerle mirar las cosas con la intensidad que merecen. Wonder me ha servido, a mí y a ella, para que viera lo que es importante y lo que no, para que se diera cuenta lo que vale en esta vida, para que aprendiera que la crueldad no sirve para nada, para que absorbiera lo que vale la amistad, para que captara todo lo que unos padres son capaces de hacer por sus hijos.


Las frases de Wonder

"Cuando tengas que escoger entre ser correcto y ser gentil, escoge ser gentil"

"No eres feo y quien se preocupe por conocerte lo descubrirá"

"Tus acciones son el reflejo de tu vida"


"Creo que debería haber una regla para que todos sean ovacionados al menos una vez en sus vidas"

Igual pueden sonar a frases hechas, pero lo bueno de esta película es que cada una de estas frases se demuestran y se cumplen. No sólo se dicen y ya está, sino que se muestra cómo llevarlas a cabo de forma que nosotros como padres lo entendamos, pero especialmente, que ellos como hijos lo comprendan.Porque Wonder (sin entrar en detalles, ni historia, ni personajes) es eso. Es una película que demuestra los sacrificios, la lucha, las victorias y las derrotas. Que enseña qué y cómo son los verdaderos amigos. Que muestra el sufrimiento real, no el de las pequeñas cosas, sino el de las cosas realmente importantes. Y, sobre todo y por encima de todo, lo que es el amor verdadero.No el amor en su sentido sentimental, sino el amor más puro. El de una madre, el de un padre, el de una hermana, el de un amigo, y el del propio protagonista.

Fijaos cómo será la película dirigida por Stephen Chbosky que mi otro hijo, con tan sólo 3 años y al que no puedo llevar al cine porque es como una lagartija a pleno sol, se quedó impávido nada más empezar. Porque Wonder está pensada para niños y para adultos, porque engancha a grandes y pequeños, porque utiliza un lenguaje audiovisual fácil y comprensible, pero sin quitar importancia a lo que está tratando, porque no es una peli de dibujos, pero atrae a los niños más que si lo fuera.

"Mamá, tú eres como ella", fue la frase que me dijo en un momento de la película. Y os juro que no es que se me hinchara el cuerpo de orgullo es que casi salgo volando. "Mamá, yo tendré alguna vez un amigo como los de Auggie"; Mamá, ¿por qué le hacen esas cosas?"; "Mamá, yo no quiero llevar casco". Me quedo con cada una de esas frases pronunciadas por hijos tras ver la película y en los días posteriores. Y me quedo con desde que la viéramos hace un par de semanas me la hayan pedido volver a ver decenas de veces. Wonder se debe ver en casa y se debe ver en las escuelas.Es tal lección de humanidad, solidaridad y amor, que, y aun pareciendo exagerada, debería formar parte de alguna asignatura, debería servir para educar y debería servir para que todos aprendiéramos que somos padres y que ellos son nuestros hijos.

Y, sobre todo, nos debería servir para que nosotros recordemos qué supone ser un niños, y para que ellos se den cuentan de lo que supone ser padre. Wonder sirve para muchas cosas, pero sobre todo sirve para ponerse en la piel del otro.Y me quedo con la frase final, y no hay nada más que decir: "Sé amable porque todos están librando una batalla, y si quieres saber lo que los otros son sólo tienes que mirar". Que nos sirva de reflexión para darnos cuenta de todo lo que tenemos, que les sirva de reflexión para darse cuenta de lo que tienen.


Esther Mucientes, Madrid

(www.elmundo.es)