​El rol del empresariado en la descentralización del país

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Leonardo Moreno

Uno de los aspectos más interesantes del reciente encuentro convocado por la Fundación Chile Descentralizado, para discutir sobre la tributación y gestión territorial, fue constatar que los diferentes actores, parlamento, expertos de la sociedad civil y empresarios, tienen diagnósticos muy similares respecto de lo que se necesita para descentralizar Chile y sobre lo urgente que es. Para muestra, un ejemplo: a primera hora los parlamentarios denunciaban que el gran comercio del retail en regiones paga menos que un quiosco en patentes comerciales; a mediodía la sociedad civil nos explicaba lo fundamental que era descentralizar tanto la decisión de inversión como el gasto; y en la tarde, los empresarios coincidían en que el país debe organizarse con marcos regulatorios adecuados para sacar provecho a la inversión social que la empresa realiza en los territorios. Todos apuntan a una misma causa.

Sin duda que uno de los pasos fundamentales para desarrollar un país tan centralista como el nuestro, no es solamente ceder el poder político, sino también, transferir recursos humanos y económicos y la decisión sobre ellos. Hoy existe una gran transferencia de recursos a regiones, mayores a los provenientes del FNDR (Fondo Nacional de Desarrollo Regional) y que provienen principalmente de las carteras vinculadas a la infraestructura. Tanto las políticas como la destinación de esos recursos, no pasan por decisiones en el ámbito regional y vienen en paquetes estandarizados y decididos por el nivel central.

Todos parecen estar de acuerdo en que esto tiene que cambiar. Pero, ¿cómo avanzamos? El país está próximo a ver en terreno, qué tan dispuestos estamos a ceder el poder y los recursos, de eso se trata en definitiva, la próxima elección de gobernadores regionales.

Al respecto, muchos plantean que partimos al revés, y que la descentralización administrativa y fiscal, debió preceder a la descentralización política. Pero las cartas ya están echadas. Si no dotamos a la nueva figura de elección popular de un poder real para incidir en el futuro de las regiones, generaremos grandes tensiones.

Los tributos, el presupuesto nacional, el capital humano, el poder de decisión y muchísimos otros aspectos, están hoy absolutamente centralizados, tanto a nivel de la capital nacional como en las capitales regionales. Hoy en un una democracia que parece debilitarse producto de la poca participación, descentralizar parece más urgente que nunca.

Tuve la oportunidad de moderar una conversación sobre el tema con algunos representantes empresariales (Sofofa, CCHC, Generadoras Eléctricas, Industriales de Antofagasta) y compartimos varios aspectos. Uno muy interesante es que tanto los planes de desarrollo como los de ordenamiento territorial debiesen operar facilitando la lógica de desarrollo compartido de territorios funcionales, con determinadas vocaciones, más allá de los límites políticos. Asimismo, existe consenso en privilegiar y garantizar la participación temprana de los diversos actores territoriales en las decisiones sobre los grandes proyectos de inversión privados, y que exista también un instrumento regulatorio para dichos fondos. Adicionalmente, el sector empresarial planteó la dificultad que el Estado no reconozca, en la tributación, la inversión social de las empresas como un gasto necesario para producir rentabilidad.

Hay muchas cuestiones que están abiertas al debate y en forma inédita, todos los actores parecen llegar a un mismo puerto: hay que descentralizar. Seguir así, implica mantener serias trabas para el desarrollo integral y equitativo del país. Como ciudadanos, tendremos la oportunidad de elegir una nueva autoridad regional y es de esperar que también sea una oportunidad para que todos los actores que han manifestado su voluntad de descentralizar Chile, la pongan en práctica con la entrega de competencias y recursos a esta nueva figura de nuestra institucionalidad.


Leonardo Moreno

Fundación para la Superación de la Pobreza