​La deuda social con los adultos mayores

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Javier Scavia dal p

Según un estudio realizado por Ana Paula Vieira, académica de Gerontología de la Universidad Católica y presidenta de la Fundación Míranos, los mayores de 80 años tienen la tasa de suicidio más alta del país. La cifra llega a 17,7 por cada 100 mil habitantes, seguida por el grupo entre 70 y 79 años, con 15,4. Este mismo estudio revela para el año 2015 en el grupo de 20 a 39 años la tasa de suicidio llegó a 12,5, mientras que para los mayores de 60 años la tasa fue de 14; el promedio nacional se sitúa en torno a 10,2. Curiosamente los medios dan más cobertura al suicidio de una persona que el de una mayor ¿Razón de esto? Quizá la exacerbada idolatría a la juventud, olvidándonos que no solo es trágico dejar una vida por delante, sino también dejar, quizá en el momento de mayor precariedad de la vida de una persona, sin retribución a aquellos que nos criaron y se sacrificaron por nosotros.

Cabe mencionar por cierto que este no es un fenómeno exclusivo de Chile. Países como España ostentan las mismas tendencias. Además, existe una abundante literatura que explora las causas de estas cifras. Ser hombre, vivir solo, haber enviudado recientemente, poseer una enfermedad crónica y estar aislado socialmente, figuran entre las posibles explicaciones de mayor importancia.

Habiendo suficiente evidencia científica de las causas, ¿por qué no se implementa una política pública ad hoc? Quizá como posible punto de partida, capacitando a médicos generales en el adecuado diagnóstico y tratamiento de las patologías psiquiátricas y psicológicas que potencialmente lleven a un adulto mayor al suicidio.

Si bien es común escuchar las críticas a los criterios economicistas, no hay duda que como sociedad nos hemos comportado al más puro estilo del principio del costo de oportunidad y del costo “hundido”. Existe un alto costo de oportunidad al no prevenir el suicidio de un joven, por la potencialidad pérdida de productividad para el país. También se puede decir que destinar recursos a los adultos mayores tiene un alto costo de oportunidad. Lamentablemente, los costos de oportunidad generan incentivos, pero, lejos de hacernos “más racionales”, éstos nos han convertido en un país que no ha sabido retribuir a aquellos que, con su trabajo en el pasado, nos hacen disfrutar de un mejor presente.


Javier Scavia Dal Pozzo

Académico Departamento de Industrias

Universidad Técnica Federico Santa María